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La Transitoriedad De La Vida De Este Mundo

¿Has pensado alguna vez porqué el hombre necesita dedicar tanto tiempo y esfuerzo a mantener limpio su cuerpo? ¿Por qué son tan indecorosos un cuerpo sucio, un aliento fétido, una piel o cabello grasientos? ¿Por qué se suda y por qué el olor que acompaña al sudor es tan intenso?

A diferencia del hombre, las plantas despiden olores extremadamente agradables. Una rosa o un clavel nunca apestan, a pesar de que crecen en el suelo y están en un ambiente de polvo y suciedad. Sin embargo, el hombre raramente puede lograr tener una fragancia permanente, no importa cuánto se preocupe por su cuerpo.

¿Has pensado alguna vez por qué el hombre tiene tantas debilidades? ¿Por qué Dios creó las flores con bellas fragancias pero hizo al cuerpo humano propenso a producir un olor tan desagradable?

Las flaquezas del hombre no se limitan a los olores corporales: se cansa y tiene hambre, se siente débil, se lastima, siente nauseas, enferma...

Todo esto puede parecer algo normal, pero no hay que dejarse engañar. Puede ser que alguien no despida nunca mal olor. Del mismo modo, puede que alguien nunca tenga dolor de cabeza o esté enfermo. Todas estas debilidades que sufre el hombre no ocurren por “coincidencia” sino que las crea Dios a propósito. Dios asignó al hombre un objetivo específico y lo hizo intencionadamente débil.

Esta estrategia tiene dos objetivos: primero, hacer que el hombre se de cuenta de que es un ser débil, un “sirviente” de Dios. Ser perfecto es uno de los atributos de Dios. Sus sirvientes son, sin embargo, extremadamente delicados y por tanto intrínsecamente necesitados de su Creador. Esto lo explica el Corán de la siguiente manera:

¡Oh gentes! Vosotros sois los que necesitáis a Dios, mientras que sólo Dios es autosuficiente, Aquel que es digno de toda alabanza.

Si quiere, puede eliminaros y poner [en vuestro lugar] a una nueva humanidad: y eso no sería difícil para Dios. (Sura 35: 15-17 El Originador)

Las debilidades del cuerpo humano recuerdan continuamente al hombre las suyas propias. El hombre puede que se considere a sí mismo un ser superior y perfecto, pero el hecho de que tenga que ir todos los días al aseo y lo que allí experimenta le hace reconocer su verdadero yo.

El segundo objetivo es recordar al hombre la naturaleza temporal de esta vida. Esto es así porque estas debilidades son específicas del cuerpo en este mundo. En el Más Allá, los Compañeros del Jardín estarán dotados de un cuerpo perfecto. El cuerpo pobre, imperfecto y débil de este mundo no es el verdadero cuerpo del creyente, sino un molde perecedero en el que permanece durante cierto tiempo.

Éste es el porqué la belleza perfecta es inalcanzable en este mundo. La persona físicamente más atractiva, perfecta y bella también va al aseo, suda, tiene mal aliento por la mañana y sufre acné de cuando en cuando. Se necesita seguir una rutina diaria para mantenerse limpio y fresco. Algunas personas tienen una cara muy bonita, pero un cuerpo desproporcionado. También encontramos el caso contrario. Otros tienen unos ojos preciosos, pero una nariz enorme. Podríamos enumerar miles de ejemplos. Una persona aparentemente atractiva puede que sufra una grave enfermedad.

Además de lo dicho, la persona aparentemente más perfecta al final envejece y muere. En un accidente de tráfico inesperado, su cuerpo podría lesionarse sin remedio. En este mundo, no sólo el cuerpo humano es imperfecto, defectuoso y caduco. Todas las flores se marchitan y la comida más deliciosa se pudre. Son rasgos distintivos de este mundo. Nuestra corta vida así como nuestro cuerpo son favores finitos que Dios nos ha otorgado. Una vida eterna y una creación perfecta son sólo posibles en el Más Allá. Como dice el Corán:

Y [recordad que] lo que [ahora] se os da es sólo para el disfrute [pasajero] de esta vida –mientras que lo que hay junto a Dios es mucho mejor y más duradero. (Sura 42: 36 La consulta)

En otro versículo se explica la esencia real de este mundo de la siguiente manera:

¡Sabed [oh hombres] que esta vida es solo juego y distracción, y un hermoso espectáculo, y [motivo para] vuestra jactanciosa rivalidad unos con otros, y [vuestro] afán por más riqueza e hijos!

Su parábola es la de la lluvia [vivificante]: la vegetación que hace crecer complace a los labradores; pero luego se marchita y la ves amarillear, y al final queda convertida en paja.

Pero [la realidad permanente de la condición humana se hará patente] en la Otra Vida: [ya sea] el castigo severo, o el perdón de Dios y Su complacencia: pues esta vida no es más que el disfrute pasajero de un engaño... (Sura 57: 20 El hierro)

En resumen, en este mundo Dios, como señal de Su infinito poder y sabiduría, ha creado muchas cosas bonitas y maravillosas, así como otras imperfectas. La permanencia y la excelencia van en contra de las leyes de este mundo. Nada que la mente humana pueda imaginar, incluyendo la tecnología más avanzada, cambiará esta ley de Dios. Esto es así para que la gente se esfuerce en alcanzar el Más Allá y muestre el debido respeto y gratitud a Dios. También para que se percaten de que el verdadero lugar de estos favores no se encuentra en este mundo perecedero, sino en la morada eterna preparada para los creyentes. En el Corán se alude a ello como sigue:

Pero vosotros preferís esta vida, aunque la Otra Vida es mejor y más duradera. (Sura 87: 16-17 El Altísimo)

Otro versículo dice: “la morada en la Otra Vida es en verdad la única vida [verdadera]: ¡si tan sólo supieran esto! (Sura 29: 64 La araña) Existe una línea muy fina entre este mundo, que es un lugar pasajero, y nuestra “verdadera vida”: el Más Allá. La muerte es el instrumento que se encarga de borrar dicha línea. Con la muerte, el hombre rompe cualquier relación con su cuerpo y con este mundo y comienza la vida eterna con su recién estrenado cuerpo.

Puesto que la verdadera vida es la que comienza con la muerte, las verdaderas “leyes de la naturaleza” son las que conciernen al Más Allá. Los defectos, las imperfecciones y la transitoriedad son leyes de este mundo, pero no son leyes reales o inalterables. Las verdaderas leyes se formulan según los principios de infinidad, excelencia e inmortalidad. En otras palabras, lo normal es que una flor no se marchite, que un hombre no se haga viejo y que una fruta no se pudra. Las leyes reales implican la realización instantánea de los deseos del hombre o la eliminación de los sufrimientos y las enfermedades, o incluso el sudor o el frío. A pesar de esto, las leyes temporales tienen efecto en esta vida temporal, mientras que las verdaderas leyes son obligatorias en la próxima. Todas las imperfecciones y defectos con los que nos encontramos en este mundo existen debido a la distorsión deliberada de las verdaderas leyes.

La morada de estas últimas, el Más Allá, no está muy lejos, como se cree. Dios puede poner fin a la vida del hombre en cualquier momento y hacer que vaya al Más Allá. Esta transición ocurrirá en un período de tiempo muy corto, en un abrir y cerrar de ojos. Se asemeja al despertar de un sueño. Uno de los versículos del Corán describe la brevedad de este mundo de la siguiente manera:

[Y] Él preguntó [a los condenados]: “¿Cuántos años habéis permanecido en la tierra?”

Dirán: “Hemos permanecido allí un día, o parte de un día; pero pregunta a aquellos [capaces] de computar [el tiempo]…”

[Entonces] Él dirá: “Habéis permanecido allí sólo por poco tiempo: si hubierais sabido [cuan breve iba a ser] ¿Pensabais, acaso, que os creamos por mera diversión, y que no habríais de retornar a Nosotros?”. (Sura 23: 112-115 Los creyentes)

Cuando llega la muerte, los sueños llegan también a su final y el hombre comienza su verdadera vida. El hombre, que permaneció en la tierra por un período de tiempo tan corto como un “abrir y cerrar de ojos”, se presenta ante Dios para dar cuenta de sus actos en este mundo. Si ha tenido en cuenta la muerte durante toda su vida y ésta la ha vivido con el fin de lograr la aprobación de Dios, se salvará. En el Corán, las palabras de “aquellos que reciben sus Libros en la mano derecha” son las siguientes:

Aquel cuyo registro le sea entregado en su mano derecha, exclamará: “¡Venid todos! ¡Leed mi registro! ¡En verdad, sabía que tendría que enfrentarme [un día] a mi cuenta!” (Sura 69: 19-20 La exhibición de la verdad desnuda)

 

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