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La Situacion En Este Mundo Y En El Mas Alla
De Los Que No Aprenden Nada De La Muerte

La mayoría de la gente tiene un concepto equivocado de la muerte. Uno de ellos es pensar que “la muerte es el momento en que acaba la vida”. Sin embargo, si miramos un poco más lejos, comprenderemos que es el momento en que comienza la próxima. Este equivocado punto de vista hace que los incrédulos compriman todos sus deseos en este corto período que es la vida. Es el porqué los que no se dan cuenta de la verdad del Más Allá quieren sacar el máximo partido de ella sin pararse a pensar en nada más. Sin distinguir el bien del mal, buscan satisfacer todos sus instintos. Esta postura se basa en creer que la muerte pone punto y final a todas las alegrías y placeres de este mundo. Creen que tienen muchos años por delante y hacen planes a largo plazo. Se consideran muy inteligentes, y opinan que los creyentes, que tienen una fe inquebrantable en Dios y en el Más Allá y por tanto se preparan para ello, son unos insensatos. Éste es uno de los métodos clásicos empleados por Satán para engañar al hombre. Dios llama nuestra atención contra este “método engañoso” en el siguiente versículo:

En verdad, los que dan la espalda [a este mensaje] después de habérseles mostrado claramente la guía, [lo hacen porque] Satán les ha seducido y les ha llenado de falsas esperanzas. (Sura: 47: 25 Muhammad)

Les promete y les llena de vanos deseos: pero cuando Satán les promete es sólo para engañarles. (Sura 4: 120 Las mujeres)

Amasando fortunas en este mundo como si la vida durase para siempre, los incrédulos perciben ésta como una competición. Durante toda ella se sienten orgullosos de sus posesiones e hijos. Este orgullo les confiere un sentimiento de superioridad artificial, lo que les hace alejarse por completo de centrar sus pensamientos en el Más Allá. Sin embargo, los siguientes versículos revelan a dónde están destinados a causa de su gran error:

¿Piensan, acaso, que mediante la riqueza y los hijos que les damos Nosotros [queremos sólo] hacer que compitan entre sí en hacer [lo que ellos consideran] buenas obras? ¡Qué va, -pero no se dan cuenta [de su error]! (Sura 23: 55-56 Los creyentes)

Que sus riquezas o [la felicidad que puedan obtener de] sus hijos no provoquen tu admiración: Dios quiere sólo castigarles por medio de ello en esta vida y [hacer] que sus almas partan mientras [siguen aún] negando la verdad. (Sura 9: 55 El arrepentimiento)

Dios envía al hombre muchas advertencias y mensajes para que medite sobre la muerte y el Más Allá. En un versículo, Dios llama nuestra atención sobre las pruebas que nos sirven de advertencia:

¿Es que no ven que son probados continuamente? Y, no obstante, no se arrepienten y no se acuerdan [de Dios]. (Sura 9: 126 El arrepentimiento)

De hecho, la mayoría de las personas hacen frente a varias pruebas, con el fin de que se arrepientan y hagan caso. Puede que ocurran raramente (una o dos veces al año), como menciona el versículo anterior, o puede que se trate de pequeños problemas cotidianos. El hombre es testigo de accidentes, muertes o lesiones. Los periódicos están llenos de historias de muertes y de necrológicas. A la luz de estos hechos, el hombre debe recordar que le puede ocurrir una calamidad en cualquier momento y que, en cualquier momento, puede acabar su período de prueba. Tomar conciencia de ello hace que uno se vuelva sinceramente hacia Dios, busque refugio en Él y Le pida perdón.

Las lecciones que los creyentes sacan de la adversidad a la que se enfrentan son perdurables, pero los mismos acontecimientos tienen un impacto totalmente diferente en los incrédulos. Aterrorizados como están por la muerte, estos últimos vuelven la espalda a la realidad de la muerte o simplemente intentan olvidarla. Con ello buscan alivio; pero este engañoso método lo único que les hace es daño, porque Dios “les concede una prórroga hasta un plazo fijado [por Él]” y este período, contrariamente a lo que piensan, se vuelve en su contra. (Sura 16: 61 Las abejas) En otro versículo del Corán se dice:

Y no deben pensar -quienes se obstinan en negar la verdad- que el que les demos rienda suelta es bueno para ellos: si les damos rienda suelta es sólo para que aumenten su delito; y les aguarda un castigo humillante. (Sura 3: 178 La casa de Imrán)

Un individuo despreocupado, que ni siquiera aprende algo cuando la muerte acontece cerca de él, se vuelve muy sincero a su Creador cuando él mismo se enfrenta a ella. Esta manera de pensar se relata en el Corán como sigue:

Él es quien os permite viajar por tierra y por mar. Y [ved que ocurre] cuando salís al mar en barcos: [salen al mar en barcos,] y navegan en ellos con viento favorable, y se complacen de ello -hasta que les sobreviene una tempestad y las olas les azotan por todos lados, y se sienten rodeados [por la muerte; y entonces] claman a Dios, sinceros [en ese momento] en su fe sólo en Él: “¡Si nos libras de esto, seremos ciertamente de los agradecidos!”(Sura 10: 22 Jonás)

Sin embargo, tras su liberación, dicho individuo vuelve a su estado inicial de despreocupación. Olvidando su promesa, muestra una actitud baja y falsa y no siente el menor remordimiento de conciencia. Con todo, esta falsedad será una evidencia en su contra el Día del Juicio Final:

Pero tan pronto como Él les ha salvado de ese [peligro], he aquí que se comportan insolentemente en la tierra, atentando contra todo derecho. (Sura 10: 23 Jonás)

Con desesperación, el hombre intenta hacer lo mismo en el momento de su muerte, pero su tiempo ha terminado:

Si tan solo pudierais ver [cómo será el Día del Juicio], cuando los que están hundidos en el pecado aparezcan cabizbajos ante su Sustentador, [y digan:] “¡Oh Sustentador nuestro! ¡[Ahora] hemos visto y oído! ¡Devuélvenos, pues, [a nuestra vida terrenal] para que hagamos buenas obras: pues [ahora] estamos, ciertamente, convencidos [de la verdad]!”

Pero si hubiéramos querido, habríamos impuesto Nuestra guía a cada individuo: pero [no lo hemos querido así-y así] se ha cumplido Mi palabra: “¡Ciertamente, he de llenar el infierno de seres invisibles  de hombres, todos juntos!”

[Y Él dirá a los pecadores:] “¡Saboread pues, [vuestro merecido] por haberos olvidado de la llegada de este vuestro Día [del Juicio] –pues ciertamente, [ahora] Nos hemos olvidado de vosotros: saboread [este] permanente castigo por todo el [mal] que solíais hacer!”. (Sura 32: 12-14 La postración)

Los mismos esfuerzos continuarán en el infierno:

Y en ese [infierno] gritarán:”¡Oh Sustentador nuestro! ¡Sácanos [de este infierno], y haremos [entonces] buenas obras, no lo que solíamos hacer [antaño]!”

[Pero responderemos:] “No os dimos acaso una vida lo bastante larga como para que quien tuviera voluntad de recapacitar, recapacitara? ¡Y [además,] vino a vosotros un advertidor! ¡Saboread ahora [el fruto de vuestras malas acciones]: pues los malhechores no tendrán quien les auxilie!”. (Sura 35: 37 El Originador)

Estos desesperados esfuerzos en el Más Allá y el doloroso final son sin duda los resultados de la escasa comprensión por parte del hombre del verdadero propósito de la existencia y de su valor. Alguien que no tiene fe no aprende de lo que ocurre a su alrededor, no escucha las advertencias que Dios le envía, finge ignorar la voz de su conciencia o no le presta atención y ve la muerte como algo que no es probable que le ocurra a él. Acata los deseos del lado malvado de su alma en vez de buscar el favor de Dios. Con el tiempo, todo ello prepara el terreno para que la muerte le coja de improviso y le haga caer en la desesperada situación descrita en los versículos anteriores. Por tanto, antes de que te llegue la muerte, deberías despertar del profundo sueño en que te sume la despreocupación, puesto que el momento de morir es demasiado tarde para recuperarse:

Y gastad en los demás de lo que os hemos dado como sustento, antes de que le llegue a uno de vosotros la muerte, y diga entonces: “¡Oh Sustentador mío! ¡Si tan sólo me concedieras una breve prórroga, daría limosna y sería de los justos!”

Pero Dios no concede prórroga a ningún ser humano una vez vencido su plazo; y Dios es plenamente consciente de lo que hacéis. (Sura 63: 10-11 Los hipócritas)

Una persona inteligente debe pensar en la muerte constantemente, en vez de evitar pensar en ella. Sólo así puede actuar conforme a los deseos de Dios y evitar que el lado malvado de su alma y Satán lo engañen con esta vida fugaz. De hecho, el que alguien haga de esta vida su único objetivo es el mayor peligro para él. Nuestro profeta (la paz y las bendiciones sean con él) nos lo recordó en esta súplica: “no dejemos que los asuntos mundanos sean nuestra mayor preocupación.” (Relatado por Abdullah ibn Umar, Al-Tirmidhi, 783)

Prepararse para la muerte

Este mundo es un lugar de preparación para el hombre. Dios lo cargó de muchas responsabilidades y le informó de los límites que Le había impuesto. En tanto en cuanto el hombre guarde estos límites, obedezca Sus órdenes y evite lo prohibido, alcanzará su madurez personal y un estado de sabiduría y conocimiento. Provisto de tales atributos, un creyente muestra una paciencia inagotable, no importa lo que le suceda: sólo se vuelve a Dios y busca ayuda sólo de Él. Ésta es la manera de venerar a Dios y de sentir una sumisión interior y una fe sin límites en Él. Al darse cuenta del valor de los favores que Dios nos otorga, le expresa una profunda gratitud y se siente cercano a Él. En consecuencia, se convierte en el creyente ideal, dotado de los atributos superiores de sabiduría y moralidad. Además, pasa a ser la clase de persona que merece alcanzar el paraíso, un lugar de perfección. Pero si no se educa al hombre en las realidades del mundo, éste no muestra un comportamiento ejemplar e, incluso estando bien situado desde el puntote vista material, es propenso a cualquier forma de fracaso.

De hecho, el profeta Adán fue enviado a la tierra para recibir el entrenamiento adecuado y Dios concibió una prueba a propósito para prepararle para su vida eterna. Al final, llegó a ser una persona distinguida, de una moralidad superior y un carácter altamente elogiado en el Corán.

Se continúa poniendo a prueba al hombre a través de los innumerables acontecimientos que le ocurren; el que pase estas pruebas con éxito hará que se le recompense en su vida eterna, mientras que el que fracase hará que se le castigue. Nadie sabe cuándo terminará este período de prueba. Según el Corán: “y ningún ser humano muere sino con la venia de Dios, en un plazo prefijado.” (Sura 3: 145 La casa de Imrán) Este plazo a veces es largo, pero otras es corto. Lo cierto es que incluso el período que consideramos largo raramente excede de 7 u 8 décadas.

Éste es el porqué, en vez de involucrarnos en planes a largo plazo, tenemos que guiarnos por el Corán y vivir de acuerdo con sus principios, sabiendo que deberemos dar cuenta de nuestros actos en el Más Allá. Si no, nos encontraremos ante una situación verdaderamente dolorosa al fracasar nuestra preparación para la vida eterna, perdiendo la única oportunidad que se nos concede con este fin, y al ser merecedores del infierno. No deberíamos olvidar nunca que el único destino de alguien a quien se priva del paraíso para siempre no es otro sitio sino el infierno. Ésta es la razón por la cual todo el tiempo desperdiciado inútilmente en este mundo se convierte en una gran pérdida y en un paso gigantesco hacia un final atroz.

Puesto que esto es así, este hecho debería tener prioridad sobre cualquier otro asunto de este mundo. Al igual que nos preparamos para las probables situaciones a las que nos enfrentaremos durante nuestra vida, necesitamos dedicar esfuerzos similares e incluso mayores para prepararnos para la próxima, puesto que seremos nosotros los que moriremos. Experimentaremos todo lo que suceda después de la muerte nosotros solos. Por tanto, este tema nos concierne directamente a “nosotros”, es decir, a “nosotros mismos”. Para aquéllos que buscan la salvación eterna, Dios manda lo siguiente:

¡Oh vosotros que habéis llegado a creer! ¡Sed conscientes de Dios; y que cada ser humano mire bien lo que adelanta para el mañana!

Y [una vez más]: Sed conscientesde Dios, pues Dios es plenamente consciente de lo que hacéis; y no seáis como aquellos que se olvidan de Dios, y entonces él les hace olvidarse de [lo que es bueno para] sí mismos: [pues] son ellos, precisamente, los realmente depravados. (Sura 59: 18-19 La concentración)

 

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