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El Tormento Espiritual En El Infierno

Hasta ahora, hemos mencionado el tormento físico que se sufre en el infierno. Sin embargo, no menor que él, hallamos un tormento espiritual. El arrepentimiento, la desesperanza, la humillación, la sensación de estar siendo maltratado, la vergüenza y la decepción son algunos de los sentimientos que ocasionan los diversos tormentos.

“El fuego encendido por Dios, que se elevará sobre los corazones de los pecadores”

De un modo u otro, todos experimentamos algún tipo de tormento espiritual en este mundo. Por ejemplo, perder a un amigo íntimo, a la esposa, o a los hijos, o ser traicionado por alguien en quien teníamos una confianza ciega hace que nuestros corazones se inunden de una gran pena. De hecho, esta pena es una forma especial de tormento que Dios implanta en el corazón de una persona como castigo por idolatrar a alguien a quien ha perdido o que le traicionó. Básicamente, el individuo necesita demostrar a Dios sus sentimientos de amor, aprecio, reverencia, devoción, confianza y amistad. El no demostrar dichos sentimientos hacia Dios sino hacia algún otro, que ha sido creado por Él y que por tanto también Le necesita, en otras palabras, asociar a alguien con Dios, ocasiona este tormento. Se somete a los idólatras a esta pena para que aprendan de ella, pidan perdón y vuelvan a Dios antes de que les sobrevenga la muerte. Lo que idolatran no es necesariamente un ser humano. Existen diversidad de cosas a las que las personas no se pueden resistir: las posesiones, el dinero, la fortuna, la fama, en resumen, cualquier cosa o concepto además de Dios puede ser objeto de idolatría.

La pena que, en este mundo, origina la pérdida de estos ídolos es únicamente un destello del gran tormento que se sufrirá en el infierno. En esencia, se trata de un aviso. En el infierno, la verdadera y perdurable forma que toma este tormento aguarda al idólatra. En ocasiones, este tormento espiritual es tan intenso que uno preferiría la tortura física. Incluso el suicidio se considera una salvación. Este aspecto espiritual del tormento en el infierno se pone de manifiesto en el Corán y se describe como un “fuego encendido por Dios, que se elevará sobre los corazones de los pecadores”:

¡Ay de todo aquel que difama, que critica! ¡[Ay de aquel] que amasa riqueza y la considera como salvaguardia, creyendo que su riqueza le hará vivir eternamente! ¡Qué va! ¡Ciertamente, [en la Otra Vida] será arrojado a un tormento demoledor! ¿Y qué puede hacerte concebir lo que será ese tormento demoledor? Un fuego encendido por Dios, que se elevará sobre los corazones de los pecadores: ¡realmente, se cerrará en torno a ellos en inmensas columnas! (Sura 104: 1-9 El difamador)

Incluso la más severa de las penas de este mundo desaparece con el tiempo. Su rastro puede tardar en desaparecer, pero incluso las huellas más persistentes se borran. Pero, en el infierno, una pena más amarga penetra en los corazones de los incrédulos como si se tratara de una furia y permanece en ellos eternamente.

Además de lo dicho, el tormento espiritual produce una sensación entre la desesperanza y la humillación, la ira y el odio. Los incrédulos no sólo están sometidos al dolor físico, sino también a un insufrible dolor espiritual.

La humillación

Muchos de los versículos que tratan el tema del infierno nos informan de que un tormento degradante y humillante aguarda a los incrédulos. Sufren este castigo debido a su orgullo y arrogancia.

En este mundo en que vivimos, uno de los principales objetivos de los incrédulos consiste en hacer que les envidien y valoren su posición personal y social. Cuando forman parte de una vana demostración de lo que valen, una carrera, hijos, espléndidas mansiones, coches, etc., son aún más valiosos para ellos. De hecho, en el Corán, el alardear de la riqueza y propiedades que se tienen se menciona como uno de los señuelos en esta vida.

Esta pasión, llámese “jactancia”, se torna angustia en el más allá, que implica degradación y dolor físico. Todo porque los incrédulos olvidaron a “Dios, digno de toda alabanza” (Sura 2: 267 La vaca) y “hace de sus deseos su dios” (Sura 25: 43 El criterio de la verdad). Por este motivo se han ocupado principalmente por ganar su propio reconocimiento en vez de glorificar y alabar a Dios. Han construido su vida en torno a ganar el aprecio de otras personas en vez de la aprobación divina. Es por esto que se les hunde más cuando se les humilla delante de otros.

La pesadilla más terrible de un incrédulo es el que se le deshonre y degrade delante de otra gente. Hay algunos que incluso consideran que es mejor morir que ser deshonrado. Los infortunios propios del infierno, en el fondo, tienen esta característica. Las pésimas condiciones en las que se encuentran los moradores del infierno se deben, principalmente, a su arrogancia. Nunca antes se les había degradado tanto. Existen numerosos versículos que resaltan este hecho:

Y el Día en que los que se empeñaron en negar la verdad sean situados frente al fuego, [se les dirá:] “¡Habéis consumido vuestra [parte de] cosas buenas en vuestra vida terrenal, y gozasteis de ella [sin pensar en el más allá]: hoy se os retribuirá, pues, con un castigo humillante por haberos mostrado altivos en la tierra, [atentando] contra todo derecho, y por vuestra perversidad!”.’ (Sura 46: 20 Las dunas)

Y no deben pensar – quienes se obstinan en negar la verdad – que el que les demos rienda suelta es bueno para ellos: si les damos rienda suelta es sólo para que aumente su delito; y les aguarda un castigo humillante. (Sura 3: 178 La casa de Imrán)

Se somete a los incrédulos a miles de diferentes clases de tratamientos degradantes… incluso más degradantes que el trato que reciben algunos animales en este mundo. Látigos, grilletes y collares de hierro se encuentran disponibles sólo para humillarles. Se ata a los infieles a columnas, se les ponen collares y se les encadenan.

En realidad, la humillación es la esencia de todos los tormentos del infierno. Por ejemplo, mientras se les lanza al fuego se les degrada. Este atroz tratamiento comienza en el momento en que el incrédulo resucita y se le manda al infierno. Además, se trata de un castigo que nunca remite.

Entre billones de personas, los ángeles cogen a los incrédulos y les agarran por el copete y por los pies. Según dice el Corán: “Pues ese Día no se preguntará a ningún hombre ni ser invisible por sus pecados… Todos los que estaban hundidos en el pecado serán reconocidos por sus rasgos y agarrados por el copete y por los pies.” (Sura 55: 39-41 El Más Misericordioso)

En el infierno, el incrédulo tiene que asumir un tipo de tratamiento peor que el que reciben los animales. Asiéndolo por los cabellos, se le arrastrará por el suelo y se le arrojará al infierno. Incapaz de oponer resistencia, pedirá ayuda en vano. Su desesperación sólo hace que su tormento se acreciente:

¡No! ¡Si no cesa, le arrastraremos sobre su frente – esa frente mentirosa, rebelde! – y que llame luego [en su auxilio] a los defensores de su [falaz] sabiduría, ¡que Nosotros llamaremos a las fuerzas del castigo celestial! ¡No! ¡No le obedezcas, sino póstrate [ante Dios] y busca proximidad [a Él]! (Sura 96: 15-19 La célula embrionaria)

Como dicen los versículos, los incrédulos serán “empujados al fuego con un [violento] empujón” (Sura 52: 13 El monte Sinaí) y “congregados en el infierno en total humillación espiritual” (Sura 25: 34 El criterio de la verdad)

De igual modo,

...Pero quienes se presenten con malas acciones serán arrojados de bruces al fuego, [y serán preguntados:] “¿No es, acaso, esto justa retribución por lo que hacíais [en vida]?” (Sura 27: 90 Las hormigas)

...El Día en que sean arrastrados hasta el fuego sobre sus rostros, [se les dirá:] “¡Saboread ahora el contacto con el fuego del infierno!” (Sura 54: 48 La luna)

La degradación se torna más intensa una vez en el infierno. Aparte del tormento físico, una aguda sensación de degradación abruma a los moradores del infierno:

[Y se dirá:] “¡Cogedle, [Oh fuerzas infernales,] y arrastradle al centro del fuego abrasados: luego derramad sobre su cabeza la angustia de la ardiente desesperación! ¡Saboréala – tú que [en la tierra] te considerabas tan poderoso, tan noble! Esto es precisamente aquello que vosotros [que negabais la verdad] solíais cuestionar” (Sura 44: 47-50 El humo)

Con el fin de humillar a los incrédulos, se utilizan látigos, argollas y cadenas especialmente diseñados:

[Entonces se dará la orden:] “¡Cogedle y encadenadle, y luego hacedle entrar en el infierno y luego sujetadle a una cadena [de pecadores como él – una cadena] de setenta codos de largo: pues, ciertamente, no creyó en Dios, el Grandioso, ni instó a dar de comer al necesitado!” (Sura 69: 30-34 La exhibición de la verdad desnuda)

En este mundo ni siquiera se encadena a los animales, exceptuando los salvajes. En cuanto a los seres humanos, sólo se encadena a los violentos y retrasados mentales peligrosos. Esto quiere decir que aquellos a los que se envía al infierno son las más inferiores de las criaturas. Este es el motivo por el que están atados con “una cadena de setena codos de largo”, como indica el versículo anterior. Otros versículos también ofrecen detalles sobre este degradante tormento:

...cuando tengan que llevar al cuello las argollas y cadenas [que ellos mismos han forjado]; y sean arrastrados a la ardiente desesperación, y se conviertan al final en combustible del fuego [del infierno]. Y luego se les preguntará: “¿Dónde están ahora esos [poderes] a los que atribuíais divinidad junto con Dios?” (Sura 40: 71-74 Que perdona)

... Pero si te asombras, asombroso es, también, que digan: “¡Qué! Una vez que seamos polvo, ¿vamos a ser de verdad [devueltos a la vida] por un nuevo acto de creación?”. Esos son los que [demuestran así que} están empeñados en negar a su Sustentador, esos son los que llevan a l cuello argollas [que ellos mismos han forjado]; y esos son los que están destinados al fuego, en el que permanecerán. (Sura 13: 5 El trueno)

...Pues en ese Día veréis a todos los que estaban unidos en el pecado encadenados unos a otros, vestidos con ropajes de alquitrán, y el fuego cubriendo sus rostros. [Y todos serán juzgados en ese Día,] para que Dios retribuya a cada ser humano según sus merecimientos: ¡ciertamente, Dios es rápido en ajustar cuentas! (Sura 14: 49-51 Abraham)

En cuanto a los que se empeñan en negar la vedad – se les cortarán trajes de fuego [en la otra vida]; ardiente desesperación será derramada sobre sus cabezas, y hará que todo lo que hay en sus entrañas, y también sus pieles, se consuma. Y estarán sujetos [en este estado como] con ganchos de hierro. (Sura 22: 19-21 La peregrinación)

El sombrío ánimo que conlleva la degradación se hace patente en los semblantes de los que se encuentran en el infierno. En el mundo en que vivimos también se exteriorizan los graves problemas por los que atraviesa alguien que ha caído en desgracia, se le ha deshonrado y ha sido injustamente tratado. En el infierno, la degradación afectará asimismo la apariencia de sus moradores, como dice el siguiente versículo:

Algunos rostros estarán ese Día abatidos. (Sura 88: 2 El suceso sobrecogedor)

Además de todos los tipos de humillación mencionados hasta ahora, debemos tener en cuenta que se aplicarán varios otros. En el Corán se utiliza el término “humillación” y se dan algunos ejemplos que lo ilustran. Sin embargo, hemos de recordar que éste es un término muy amplio y que no se limita a unos pocos ejemplos. Todos los sentimientos, tratamientos o sucesos que provocan humillación en el ánimo del hombre se incluyen dentro de dicho concepto y todos ellos se encuentran disponibles para su uso en el infierno.

Un arrepentimiento irrecuperable

Cuando resucita, el incrédulo se da amarga cuenta de todo lo que ha hecho mal. El remordimiento que esto le causa le conmociona. Su desesperada situación se ve exacerbada por su profundo arrepentimiento.

Cuando el incrédulo se enfrenta a los actos en los que se implicó en este mundo, se da cuenta de que no tiene ninguna oportunidad de restaurar su honor. Sin embargo, pide otra oportunidad. Con este ánimo, quiere retornar a su antigua vida para expiar sus pecados. Mientras tanto, no quiere volver a ver ni a sus amigos ni a sus seres queridos con los que disfrutó de la vida tan despreocupadamente. Todas las amistades, todos los lazos de unión se rompen. El modo de vida y las tradiciones a las que se apegaron en vida, sus casas, coches, esposas, hijos, compañías, ideologías pierden su valor y se desvanecen. Sencillamente, son reemplazadas por el tormento. El sentimiento que causa el terror en ese día se relata así:

Si pudieras ver [-les] cuando se les sitúe frente al fuego y digan: “¡Ojalá fuéramos devueltos [a la vida]: no desmentiríamos entonces los mensajes de nuestro Sustentador, y seríamos de los creyentes!” ¡Qué va! – dirán esto sólo porque] se les hará evidente la verdad que antes solían ocultar [-se a sí mismos]; y si fueran devueltos [a la vida], volverían a aquello que se les prohibió: ¡porque son, en verdad, mentirosos! Y algunos [de los incrédulos] dicen: “No hay nada después de esta vida, porque no seremos resucitados”. Si pudieras ver [-les] cuando se les sitúe frente a su Sustentador [y] Él diga: “¿No es esto la verdad?”. Responderán: “¡Ciertamente que sí, por nuestro Sustentador!”. [Entonces] Él dirá: “¡Gustad, pues, el castigo que es consecuencia de vuestra negativa a reconocer la verdad!”. (Sura 6: 27-30 El ganado)

Las discusiones entre los habitantes del infierno

La posición social y las relaciones jerárquicas, que son trascendentales en este mundo, pierden todo su significado en el infierno. El estado al que se ven reducidos la gente y sus líderes es tal que se maldicen unos a otros:

¡[En ese Día] los que han sido [falsamente] adorados se desentenderán de sus seguidores y estos verán el castigo [que les aguarda], una vez destruidas todas sus esperanzas! Entonces dirán sus seguidores: ¡Si tuviéramos otra oportunidad [de vivir], nos desentenderíamos de ellos como ellos se han desentendido de nosotros!”. Así les mostrará Dios sus acciones [de forma que les cause] un amargo remordimiento; pero no saldrán del fuego. (Sura 2: 166-167 La vaca)

El Día en que sus rostros sean zarandeados en el fuego, exclamarán: “¡Ojalá hubiéramos obedecido a Dios, y hubiéramos obedecido al enviado!”. Y dirán: “¡Oh Sustentador nuestro! ¡Obedecimos a nuestros jefes y a nuestros grandes hombres, y fueron ellos quienes nos extraviaron del camino recto! ¡Oh Sustentador nuestro! ¡Imponles a ellos doble castigo, y destiérrales por completo de Tu gracia!”. (Sura 33: 66-68 La coalición)

Discutiendo entre ellos, dirán: “¡Por Dios, que estábamos en verdad profundamente extraviados cuando os equiparamos [a vosotros, falsos dioses,] son el Sustentador de todos los mundos- pero quienes nos sedujeron [a creer en vosotros] son los verdaderos culpables! Y ahora no tenemos a nadie que interceda por nosotros, ni un amigo leal. ¡Ojalá tuviéramos una segunda oportunidad [en la vida], para poder estar entre los creyentes!”. Ciertamente, en todo esto hay en verdad un mensaje [para los hombres], aunque la mayoría de ellos no crean [en él].

There is certainly a Sign in that, yet most of them are not believers. (Sura 26: 97-103 Los profetas)

Entre los habitantes del infierno que sufren tormento eterno surgen los conflictos. Todos acusan a todos. Los amigos íntimos se odian. La principal fuente de este odio es la amistad que sostenían en el mundo. Se tentaban unos a otros para cometer pecados y se alentaban a negar a Dios. Todos los conceptos relacionados con la amistad han desaparecido en vista del infierno y todos los lazos que unían en este mundo se rompen. En medio de esta multitud, la gente se encuentra sola, y maldice a los demás:

[Y Dios] dirá: “¡Entrad en el fuego a reuniros con las multitudes de seres invisibles y de hombres que os han precedido!”. [Y] cada vez que entra una multitud [en el fuego], maldice a su hermana – hasta que llegado el punto en que, unas detrás de otras, hayan entrado todas en él, la última dirá de la primera: “¡Oh Sustentador nuestro! ¡Estos son quienes nos extraviaron: dadles, pues, un castigo doble en el fuego!”. Él responderá: “Todos merecéis un castigo doble – pero no lo sabéis”.’ (Sura 7: 38 La facultad del discernimiento)

Los incrédulos dicen: “¡Oh Sustentador nuestro! ¡Muéstranos a esos seres invisibles y hombres que nos han extraviado para que los pisoteemos y sean así de los más abyectos de todos!”. (Sura 41: 29 Expuestos con claridad)

Y, he ahí, que [los que en vida negaban la verdad] discutirán entre ellos en el fuego [del más allá]; y entonces los débiles dirán a los que se habían mostrado altivos: Nosotros, realmente, éramos sólo seguidores vuestros: ¿podéis, pues, apartar de nosotros algo [de nuestra porción] de este fuego?” – [a lo que] los que [en vida] habían sido altivos responderán: ¡Ciertamente, estamos todos en él [juntos]! ¡En verdad, Dios ha juzgado ya entre Sus criaturas! (Sura 40: 47-48 Que perdonan)

[Y se dirán unos a otros: “¿Veis a ] esta muchedumbre de gente que se precipitó [en el pecado] junto con vosotros? ¡No serán bienvenidos! ¡Realmente, ellos [también] habrán de sufrir el fuego!”. [Y los que fueron seducidos] exclamarán: “¡Qué va, eso vosotros! ¡No sois bienvenidos! ¡Sois vosotros los que nos preparasteis esto: qué horrible morada!”. [Y] exclamarán: “¡Oh Sustentador nuestro! ¡A quien nos haya preparado esto, dóblale el castigo en el fuego!”. Y añadirán: “¿Cómo es que no vemos [aquí] a hombres que teníamos por malvados, [y] de los que solíamos burlarnos? ¿O es que [están aquí, pero] nuestros ojos no aciertan a verlos?”. ¡Ciertamente, así serán en estricta verdad [la confusión y] las disputas entre las gentes del fuego! (Sura 38: 59-64 Sad)

Peticiones desesperadas e inútiles

Todas las personas que habitan el infierno viven allí una situación desesperada. La tortura que sufren es extremadamente cruel e interminable. Su única esperanza consiste en gritar e implorar por su salvación. Ven a los que están en el paraíso y les suplican que les den comida y agua. Intentan arrepentirse y piden a Dios que les perdone. Con todo, estos pasos son en vano.

Imploran a los guardianes del infierno. Quieren que sean intermediarios entre ellos y Dios y piden clemencia. Su pena es tan insoportable que quieren que se les salve aunque sólo sea por un día:

Y los que están en el fuego dirán a los guardianes del infierno: “¡Rogad a vuestro Sustentador para que nos alivie, [aunque sólo sea] por un día, este castigo nuestro!”. [Pero los guardianes del infierno les] preguntarán: “¿No [es verdad que] vinieron a vosotros vuestros enviados con las pruebas claras de la verdad?” [Los que están en el fuego] responderán: “¡Sí, en verdad!” [Y los guardianes del infierno] dirán: “¡Entonces, rogad vosotros!” – pues la oración de los que niegan la verdad no conduce sino al engaño. (Sura 40: 49-50 Que perdonan)

Además, los incrédulos intentan buscar el perdón, pero se les rechaza terminantemente:

Exclamarán:“¡Oh Sustentador nuestro! ¡La mala suerte se cebó en nosotros, y por eso nos extraviamos! ¡Oh Sustentador nuestro! ¡Sácanos de este [castigo] – y luego, si volvemos [a pecar], que seamos verdaderamente [tenidos por] malhechores!”. [Pero] Él dirá: “¡Retiraos a esa [ignominia]! ¡Y no os dirijáis más a Mí! He ahí que entre Mis siervos había quienes imploraban: “¡Oh Sustentador nuestro! Creemos [en Ti]; perdónanos, pues, nuestra faltas y ten misericordia de nosotros: pues, ¡Tú eres el mejor de los que tienen misericordia!” – pero les hicisteis blanco de vuestras burlas hasta el unto que esto os hizo olvidar todo recuerdo de Mí; y seguisteis riéndoos de ellos. [Pero,] ciertamente, hoy les he recompensado por su paciencia en la adversidad: ¡en verdad, esos, precisamente, son los triunfadores!”. (Sura 23: 106-111 Los creyentes)

En realidad, esta es la última vez que Dios se dirige a los que habitan el infierno. Sus palabras: “¡Retiraos a esa [ignominia]! ¡Y no os dirijáis más a Mí!” son concluyentes. De aquí en adelante Dios ya no les toma en consideración. A nadie le gustaría ni siquiera pensar en encontrarse en esta situación.

Mientras los pecadores se queman en el infierno, los que lograron “la felicidad y la salvación” permanecen en el paraíso disfrutando del beneficio de interminables favores. El sufrimiento de aquellos que se encuentran en el infierno se vuelve más intenso cuando observan la vida que llevan los creyentes en el paraíso. De hecho, mientras sufren una tortura insoportable, pueden “ver” las espléndidas bendiciones del paraíso.

Los creyentes, a los cuales ridiculizaron en este mundo, ahora tienen una vida plena y feliz, viviendo en magníficos lugares, espléndidas casas con hermosas mujeres, y saboreando deliciosas comidas y bebidas El ver a los creyentes disfrutando de tanta paz y abundancia hace que se agrave su sentimiento de humillación por encontrarse en el infierno. Estas escenas añaden más sufrimiento y dolor a su padecimiento.

El arrepentimiento se vuelve más y más profundo. El no haber seguido los dictámenes divinos en este mundo les hace sentir un hondo remordimiento. Se vuelven hacia los creyentes que están en el paraíso e intentan hablarles. Suplican su ayuda y compasión. Sin embargo, se trata de vanos esfuerzos. La gente del paraíso también puede verlos. El intercambio entre los que se encuentran en el infierno y los que habitan el paraíso es como sigue:

[Que morarán] en jardines [del paraíso, y] preguntarán a aquellos que se hundieron en el pecado: “¿Qué os ha llevado al fuego del infierno?”. Responderán: “No éramos de los que rezaban, ni dábamos de comer al necesitado; y solíamos complacernos en el pecado con todos los [demás] que se complacían en él; y tachábamos de mentira el Día del Juicio – hasta que [con la muerte] nos llegó la certeza”. De nada les valdrá, pues, la intercesión de quienquiera que interceda por ellos. (Sura 74: 40-48 El arropado)

Mientras tanto, los creyentes y los hipócritas discuten unos con otros. Los hipócritas son los que permanecieron junto a los creyentes durante un periodo de tiempo determinado; a pesar de no abrigar la fe en sus corazones, cumplían con sus deberes religiosos como si fueran creyentes, pero únicamente en beneficio propio. Así se ganaron el apelativo de “hipócritas”. En el fuego del infierno, imploran a los creyentes que les ayuden. El diálogo entre estos dos grupos se expresa en el Corán como sigue:

Ese Día los hipócritas y las hipócritas dirán a los que han llegado a creer: “¡Esperadnos, para que tomemos [un rayo de] luz de vuestra luz!” [Pero] se les dirá: “¡Volveos atrás, y buscad [vuestra propia] luz!”. Y entonces se erigirá entre ellos [y los creyentes] un muro, provisto de una puerta: en su interior habrá gracia y misericordia, y su parte exterior tendrá enfrente el castigo. [Los que se quedarán fuera] llamarán a esos [que están dentro]: “¿Acaso no estábamos con vosotros?” – [a lo que] responderán los otros: “¡Sí, así fue! ¡Pero sucumbisteis a la tentación, estabais vacilantes [en vuestra fe] y dudabais [de la resurrección]; y vuestras fantasías os tuvieron seducidos hasta que llegó la orden de Dios: pues, [en verdad, vuestras propias] nociones engañosas acerca de Dios os engañaron! Y por eso, no será aceptado hoy rescate alguno de vosotros, ni tampoco de los que estaban [abiertamente] empeñados en negar la verdad. ¡Vuestra meta es el fuego: es vuestro [único] refugio – y qué horrible destino!”. (Sura 57: 13-15 El hierro)

Un tormento eterno sin posibilidad de salvación

Además de todas las características del infierno que hemos mencionado hasta ahora, existe otro aspecto que aumenta la intensidad del tormento inflingido: es eterno. En este mundo, el hecho de que incluso la pena más aguda disminuye con el paso del tiempo reconforta al hombre. El fin de las penas es una bendición e incluso el esperar dicha bendición da esperanzas.

Sin embargo, no hay esperanza en el infierno y esto es lo que más abruma a los que allí se encuentran. Cuando se les arroja al fuego, encadenados, escaldados, azotados, y apelotonados en lugares estrechos, con las manos atadas alrededor de sus cuellos, saben que es para toda la eternidad. Sus esfuerzos por escapar nunca tendrán éxito. Esto indica que su tormento continuará por siempre. La angustia que sienten se explica como sigue:

Y cada vez que en su angustia intenten escapar, serán devueltos a él y [se les dirá]: “¡Gustad [a fondo] el castigo del fuego!” (Sura 22: 22 La peregrinación)

El infierno es un lugar completamente aislado. Los incrédulos entran en él y nunca vuelven a salir. No hay salida del infierno. La sensación de estar recluidos inunda a los incrédulos. Están rodeados de muros y puertas cerradas. El Corán describe este amargo sentimiento de reclusión:

Pero los que se empeñan en negar la verdad de Nuestros mensajes – ésos se han hundido en el mal, [y] el fuego se cierra en torno a ellos. (Sura 90: 19-20 El territorio)

Y di: La verdad [ha venido ahora] de vuestro Sustentador: así pues, quien quiera, que crea, y quien quiera, que la rechace”. Ciertamente para todos los que pecan contra sí mismos [al rechazar Nuestra verdad] hemos preparado un fuego cuyo humeante dosel les cercará por todos lados; y si imploran agua, se les dará un agua [caliente] como plomo fundido que escaldará sus rostros: ¡qué horrible bebida, y qué horrible lugar de reposo! (Sura 18: 29 La cueva)

Esos tendrán por morada el infierno: y no hallarán forma de salir de él. (Sura 4: 121 Las mujeres)

Cuando los incrédulos ven el fuego, reconocen el lugar al que pertenecen. Se dan cuenta de que no existe ninguna posibilidad de escapar de él. Es entonces cuando el concepto del tiempo pierde su significado y comienza el tormento eterno, cuyo peor aspecto es su naturaleza perpetua. Aunque pasen cientos, miles o millones de años, nunca se está próximo al fin. Millones de años no son nada si se comparan a toda la eternidad. Los incrédulos que moran en el infierno esperan el fin, pero esta espera es en vano. Ésta es la razón por la que se enfatiza la naturaleza eterna del infierno:

Dios ha prometido a los hipócritas y a las hipócritas – y también a los que [abiertamente] rechazan la verdad – el fuego del infierno, en el que permanecerán: esta será su posición asignada. Pues, Dios les ha rechazado, y les aguarda un castigo duradero. (Sura 9: 68 El arrepentimiento)

¡Si esos [falsos objetos de culto vuestros] hubieran sido realmente divinos, no estarían destinados a él: pero [al no serlo] todos [vosotros] moraréis en él! (Sura 21: 99 Los profetas)

Pero a quienes se empeñan en negar la verdad les aguarda el fuego del infierno: no se fijará término a sus vidas de modo que pudieran morir, ni se les aliviará en nada el castigo de ese [fuego]: así retribuiremos a quienes carecen de gratitud. (Sura 35: 36 El originador)

Todas las penas de este mundo tienen un fin. Siempre hay salvación. El que sufre un dolor o muere o se alivia. Sin embargo, en el infierno, el dolor es continuo e incesante, y no ofrece tregua alguna.

Una advertencia importante para poder evitar el tormento.

A lo largo de todo este libro, se ha enfatizado el hecho de que los que rechazan los mandamientos de Dios es este mundo y niegan la existencia de su Creador no se salvarán en el más allá y afrontarán a un aterrador tormento en el infierno.

Por tanto, sin más dilación, hay que darse cuenta de la situación personal de cada uno con respecto a Dios y rendirse a Él. De otro modo, lo lamentaremos y nos enfrentaremos a un fin espantoso:

Y llegará el día en que eses que [hoy] se empeñan en negar esta verdad desearán haberse sometido a Dios [mientras vivían]. Déjales que coman y se diviertan, seducidos por la esperanza [de goces triviales]: pues, en su momento, habrán de saber [la verdad]. (Sura 15: 2-3 al-Hijr)

La forma evitar este castigo perpetuo, alcanzar la dicha eternal y conseguir la aprobación de Dios está clara:

Antes de que sea demasiado tarde, ten fe en Dios, y haz buenas obras durante tu vida para ganar Su beneplácito.

Dijeron: “¡Gloria a Tí!
No tenemos más conocimiento que el que Tú nos has impartido.
Ciertamente, sólo Tú eres omnisciente, sabio.”
(Sura 2: 32 La vaca)

 

 

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