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Los placeres que los incrédulos se pierden en esta vida 2/3 - Los placeres materiales perdidos

No disfrutan de su entorno

Quienes no practican la moral del Corán se ven abrumados por la ansiedad que les provoca su entorno y su situación.Enseguida nos percatamos del estado espiritual en que se encuentran. ¿Crees que cuando dicen que todo va bien están felices, o que todo es como ellos desean? ¿Dicen que están contentos y emocionados con su rutina diaria y con sus monótonas y tediosas vidas? Cada mañana se levantan en la misma casa y en la misma habitación, hacen la misma cama, se ponen la misma ropa, recorren el mismo pasillo, se suben al mismo autobús, conducen por las mismas calles, van al mismo trabajo y se sientan en la misma silla de la misma habitación. Durante todo el día hablan con las mismas personas de las mismas cosas. ¿Dicen que disfrutan de sus estereotipadas conversaciones?

¿Dicen que están contentos de ver la misma casa, las mismas paredes, la misma oficina, la misma decoración y el mismo mobiliario en el mismo sitio? ¿O dicen lo aburridos que están de pasear por las mismas calles y encontrarse con la misma gente? ¿Se quejan de cómo esta monotonía le quita sentido a sus vidas? La respuesta a estas preguntas es obvia. Quienes no siguen la moral del Corán se quejan de lo inalterable de su entorno, lamentan que lo que una vez les entusiasmó ahora no tiene sentido ni atractivo para ellos, y expresan su aburrimiento por lo monótono de sus vidas, puesto que ya no pueden ver la belleza que les rodea o disfrutar de sus posesiones y entorno. Esta inquietud les resulta tan desbordante que quieren abandonar su ciudad e incluso su país.

Sin embargo, los creyentes nunca se enfrentan a dicha situación. Incluso aunque vivan en la misma casa toda su vida, tengan los mismos muebles y pertenencias y tengan el mismo trabajo, están satisfechos con todo ello, porque lo único que les hace felices es su fe en Dios y la esperanza de lograr entrar en el Paraíso. A pesar de esto, desear un cambio no es algo malo. Al contrario, demuestra la riqueza del alma humana. Pero es algo totalmente diferente del deseo de los incrédulos por encontrar algún modo de mitigar su aburrimiento. Esta diferencia se manifiesta pronto.

Ciertamente, nuestro entorno principal es nuestra casa. Algunas personas están deseando regresar a casa cuando están fuera, y se imaginan pasar una tarde agradable en ella. Por supuesto, la gente debería sentirse segura, contenta y feliz en casa, puesto que se encuentran rodeados de las personas que quieren y en las que confían, lejos del caótico, inseguro e impredecible mundo exterior. Además, mucha gente ha organizado su casa de modo que sea lo más confortable posible y la ha decorado según sus gustos. Pero, a pesar de este ambiente positivo, los que no siguen la moral del Corán se encuentran inquietos incluso allí.

Cuando se instalan en casa, piensan que disfrutarán de cada rincón y de cada esquina. Pero, poco a poco, todos los muebles y accesorios que habían escogido con tanto cuidado pierden su sentido y atractivo. Pronto se sienten incómodos en su hogar y quieren marcharse a otro sitio para escapar de su inquietud y descontento. Aunque su casa sea espaciosa, la encuentran reducida, sombría, oscura y pequeña. Empiezan a sentir aburrimiento e inquietud, y dicen “Esta casa me agobia”, “Estas cosas me oprimen” o “Estoy cansado de ver las mismas cosas todos los días”. Ya no disfrutan de su casa y no les apetece estar en ella.

Una de las principales razones de que esto ocurra es que sus vidas se han convertido en una larga rutina basada en los estándares preconcebidos de una sociedad de incrédulos. Todo es automático: todas sus actividades diarias, desde la comida que comen a los programas de televisión que ven. Lejos de proporcionarles gozo, casi todas estas cosas se han convertido en obsesiones. Otro motivo es su insaciable apetito de esta vida. Cuando comparan sus bendiciones con las de los demás, se sienten celosos y desgraciados. Percatarse de que alguien tiene algo bonito y ellos no, hace que cada cosa hermosa que otro posee les haga desgraciados. Por ejemplo, se entristecen si su casa no es lujosa ni tiene vistas al mar, ni un jardín de rosas, ni una piscina, o si no cuentan con la última moda en decoración.

Su angustia no cesa incluso aunque consigan lo que ambicionan, y no quieren compartirlo con otros. Si un amigo o pariente les pide dinero, se preocupan por si su fortuna disminuye. A veces temen perder algo porque saben que les puede ocurrir una desgracia en cualquier momento. Alejados de la moralidad del Corán, no tienen en cuenta el poder de Dios y que todo lo que les ocurre proviene de Él para ponerlos a prueba.

Pero los creyentes nunca sufren tal ansiedad, puesto que son conscientes de que están con Dios y de que este mundo es un lugar de prueba diseñado para mostrarle su confianza, fe y sumisión. Por este motivo, están satisfechos con lo que les pasa y con cualquier situación y condición que Dios ha creado para ellos, y disfrutan con ello. Demuestran la misma fuerza espiritual en su entorno, ya vivan en una casita en el campo, una mansión o un palacio. No les preocupa la arquitectura de la estructura, los materiales, colores, tamaño, estilo o el tiempo que hayan vivido en su casa.

Cualquier persona considera que todo esto son bendiciones. Sin embargo, los creyentes le dan importancia a algo más, que es lo que les hace estar felices y contentos: vivir conforme a la moral del Corán. Por supuesto que quieren que sus casas sean tan bonitas, modernas y estéticamente agradables como sea posible, porque contemplan su entorno con los ojos de un creyente. Además, puesto que su habilidad para ver la belleza y apreciar los detalles es mayor que la de la mayoría de la gente, su sentido de la belleza, estética y variedad es más refinado. Pero incluso aunque lo que poseen tenga limitaciones, seguirán valorándolo y disfrutándolo. En recompensa por su excelente carácter moral, Dios les muestra Su misericordia y amor prometiendo a los creyentes lo mejor de cada cosa y posibilitando que encuentren un profundo gozo con lo que tienen:

Y [recordad] cuando vuestro Sustentador os anunció [esta promesa]: ‘¡Si sois agradecidos [a Mí], ciertamente, os daré aún más; pero si sois desagradecidos, en verdad, Mi castigo será realmente severo!’"
(Corán, 14:7)

[y que sólo esperan] que Dios les recompense con arreglo a lo mejor de sus acciones, y les dé, de Su favor, más [de lo que merecen]: pues, Dios concede el sustento a quien Él quiere, sin medida.
(Corán, 24:38)

A quienes perseveran en hacer el bien les aguarda el supremo bien, y más [aún]
(Corán, 10:26)

Son incapaces de disfrutar con su trabajo

Puesto que su espíritu está atormentado por la ansiedad y debido al “círculo vicioso” en el que viven, los incrédulos, cuyo objetivo principal es llevar una buena vida y sacar el mejor partido de sus bendiciones, consideran que el trabajo es un enorme fastidio. No sólo hace que se cansen y por tanto les incapacite para llevar siempre una buena vida, sino que también les recuerda lo duro que es conseguirla. Su ideal es trabajar menos y emplear el tiempo extra en vivir mejor. Pero esto resulta imposible, ya que para lograr sus deseos deben trabajar más duro, lo cual les quita tiempo para divertirse.

Si observamos con detenimiento la carrera profesional de los que no siguen la moral del Corán podemos deducir que, para ellos, el trabajo se ha convertido en un problema y un círculo vicioso. Para llegar a tiempo a sus trabajos se tienen que levantar temprano, lo que implica acostarse también temprano. Y también está todo el tiempo que emplean para ir a trabajar, el baño, la comida, la limpieza, los recados, y cumplir con todas las necesidades de la vida diaria. Al darse cuenta de que tienen, como mucho, un par de horas al día para pasárselo bien, se enfadan y deprimen.

Esta situación les supone una gran fuente de insatisfacción, como lo son las dificultades y preocupaciones habituales en su vida profesional. Esta negatividad comienza en sus años de universidad: muchos de nosotros hemos escuchado noticias acerca de recién licenciados que se hunden en la desesperación porque no consiguen sus objetivos o sueños. Al no darse cuenta de que todo proviene de Dios y de que es por su propio bien, se angustian y preocupan por si no van a encontrar trabajo, ganar mucho dinero, escalar puestos en su profesión, y este tipo de cuestiones. Esta gente no se da cuenta de que todo ocurre bajo el control de Dios y, por tanto, para ellos es muy cansado y deprimente tener que ir de puerta en puerta buscando empleo y siendo rechazados. Y después de todos sus esfuerzos, a menudo acaban aceptando un trabajo que no les gusta. Son incapaces de encontrar la clase de empleo con el que soñaban en sus años de universidad. Y, en vez de asegurarse el puesto de trabajo que ansiaban, se ven forzados a aceptar uno que no les atrae. Puesto que no pueden realizar la labor que esperaban y habían planeado, su segunda elección les supone un inconveniente y un arduo sacrificio. Aunque se encuentren muy cansados, deben ir a trabajar (aunque no les guste, tienen que ganar dinero) y ser infelices. Además, a veces deben caminar bajo la lluvia, la nieve o el barro para llegar a la parada del autobús e ir a trabajar. Deben hacer cola mientras esperan, sudando bajo el calor del verano y tiritando de frío durante el invierno. La situación no es muy diferente para los que van en coche al trabajo: Se quedan atrapados durante horas en los atascos y a menudo se pelean con otros conductores por pura impaciencia. Cuando llegan, el ambiente que se respira les supone otro motivo de estrés. Pero ellos, como cualquiera, comienzan un nuevo empleo con la esperanza de ganar un buen salario y mudarse a un barrio mejor.

Sin embargo, la confortable, segura y feliz vida laboral con la que habían soñado está atormentada por la ansiedad. Como en todas las situaciones en las que no se practica la moral del Corán, les rodea un entorno de irritación, disputas, celos e infelicidad generalizada. Por tanto, empiezan a buscar pretextos para discutir con sus compañeros, sienten celos de los que tienen una posición más elevada y humillan a los que tienen una más baja. Las secretarias, los jefes y los directores compiten entre sí y, por tanto, no pueden ser amigos. Si se le da a otra persona el puesto de trabajo que ellos querían, se frustran y creen que se les ha tratado injustamente. Su resentimiento para con sus compañeros aumenta, especialmente hacia sus jefes y directores, y pronto se hartan de su trabajo, se sienten descontentos y aburridos. No les gusta estar siempre en el mismo puesto, ver siempre a la misma gente ni tener que trabajar duro en un entorno que cada vez aborrecen más y les agota. Como consecuencia, su nivel de cansancio, estrés e infelicidad se incrementa.

Sin embargo, la situación en la que se encuentran estas personas proviene en su totalidad de las falsas ideas en las que basan sus vidas. Por supuesto, la gente debe trabajar en algo que les permita ganar lo suficiente para sobrevivir. Y es algo muy común que experimenten una serie de dificultades que acarrean sus ocupaciones. Pero lo importante es que las dificultades que cualquier trabajo y ambiente laboral conllevan se convierten en causa de frustración para los ignorantes, debido únicamente a su estado espiritual.

Todo les parece más difícil y frustrante porque ambos, ellos y los que hay a su alrededor, se han alejado de las enseñanzas morales del Corán, y porque contemplan sus vidas y circunstancias desde su particular punto de vista.

Lo mismo es cierto para los que no se esfuerzan por encontrar un empleo bueno y gratificante, ni realizan la clase de trabajo que les gustaría desempeñar, ni se aseguran una buena posición dentro del mismo. Incluso aunque logren un buen nivel de vida, ninguna riqueza material puede llenar el vacío de sus corazones. Experimentan el mismo estado espiritual de ansiedad. Llevan una vida de insatisfacción porque están tan fervientemente apegados a este mundo, que ambicionan riqueza y posesiones, y observan todo y a todos los que les rodean como una mera oportunidad de provecho personal.

De hecho, su principal fuente de ansiedad deriva de enfrentarse a los problemas sin considerar la moral del Corán. Su frustración es la “recompensa” de Dios por su obstinada incredulidad. Ignoran Sus bendiciones y no se las agradecen, por tanto, Él les envía preocupaciones. Si no estuviesen consumidos por su pasión por este mundo, si apreciaran lo que tienen y le dieran gracias a Dios por ello, podrían disfrutar de sus posesiones:

Dejadles, pues, que rían un poco --porque habrán de llorar mucho en pago a lo que se han ganado.
(Corán, 9:82)

Pero quien se aparte de Mi recuerdo –tendrá una vida de estrechas miras; y en el Día de la Resurrección le haremos comparecer ciego."
(Corán, 20:124)

La gente no se siente inquieta ni cansada cuando sigue la moral del Corán. Por el contrario, el placer que se deriva de hacer alguna cosa teniendo en mente conseguir un objetivo mundano es muy limitado y de corta duración. Cuando los beneficios obtenidos se acaban, su ansia por continuar decae y el objetivo se ve como una molestia. Pero los que buscan la aprobación de Dios se ven recompensados con la satisfacción, puesto que saben que serán premiados de acuerdo con su intención, no con la naturaleza de su acción. Por este motivo, nunca se cansarán de hacer cosas:

[Pero tened esto presente:] ni su carne ni su sangre llegan a Dios: Le llega tan sólo vuestra conciencia de Dios. Para este fin los hemos sometido a vuestras necesidades; para que glorifiquéis a Dios por la guía con la que os ha agraciado.

Y da esta buena nueva a los que hacen el bien:
(Corán, 22:37)

Por tanto, no importa lo que hagan, si lo realizan pensando en lograr el contento de Dios; y si lo siguen haciendo hasta el final de sus vidas, nunca se aburrirán ni perderán el disfrute de hacer algo una y otra vez.

No importa durante cuanto tiempo realicen esa acción, su amor y deseo de ganarse la aprobación de Dios hará que constantemente creen nuevas y bellas cosas en su horizonte. Al haber arraigado su moral en el temor de Dios, crean relaciones cercanas y amistades con los que les rodean; no desean un rango, posición, o dinero; y nunca sienten celos ni están inquietos.

No pueden disfrutar de los centros de ocio

Algunas personas que están muy apegadas a este mundo saben que la vida es corta y por tanto quieren sacar el mejor partido del tiempo del que disponen. No hay nada malo en esto, puesto que Dios ha dotado a esta vida de muchas cosas buenas para poder disfrutarlas y agradecérselas. Sin embargo, los incrédulos piensan que pueden obtenerlas y disfrutarlas por otros medios diferentes a los del Corán. Al utilizar sus propios métodos, o las técnicas que utiliza la sociedad en general, asumen que pueden gozar de los mejores placeres que esta vida mundana les ofrece.Uno de estos métodos es el “entretenimiento”. Pero como lo definen según su modo de vida y moral, no pueden gustar de él adecuadamente, ya que: “… Sólo en el recuerdo de Dios encuentran los corazones [de los hombres] su sosiego” (Corán, 13:28)

Además, no importa lo que uno haga. Incluso si descubre los mejores y más variopintos entretenimientos de la tierra, no será capaz de disfrutar de ellos.

Si examinas con detenimiento los tipos de diversiones tras los cuales van las gentes ignorantes, comprobarás de nuevo que su búsqueda acaba en decepción. Aquellos que no siguen la moral del Corán tienen una idea muy limitada de lo que es el entretenimiento: Han basado sus vidas en las esperanzas de los que viven en una sociedad ignorante, ansiosos por lograr una buena posición entre ellos y su respeto. Como consecuencia, en cuestión de ocio, se esfuerzan por adaptarse a un molde que la sociedad ha creado y aprobado, en vez de buscar la diversión por su cuenta. Si se les dejara elegir, muchos de los que buscan entretenimientos “populares” preferirían estar en casa viendo la televisión, tomar una buena comida, contemplar una bella vista, o charlar con amigos u otras personas. Pero no importa lo mucho que estos pasatiempos privados les agraden, no se permiten disfrutar de ellos con el fin de darse aires de importancia y lograr respeto. Así que van donde todo el mundo va a divertirse y optan por las mismas formas de entretenimiento. Por consiguiente, los incrédulos intentan disfrutar saliendo a cenar con amigos, yendo al teatro o al cine, asistiendo a actividades sociales organizadas por su escuela o colegas, hablando mientras toman un café, o yendo a una discoteca a bailar y escuchar música. Por supuesto, algunos individuos puede que de verdad disfruten de estas salidas. Pero para disfrutar de ellas debidamente, deben temer y respetar a Dios, creer en Él y contar con una buena moral. De otro modo, todas estas buenas oportunidades sólo lograrán inquietarles. Conducen a la gente a un ambiente en donde se verán influidos por los deseos de una moral ignorante. Así, cuando esos que espiritualmente se han apartado de la moral religiosa se juntan, está claro cuánto han descuidado esta realidad.

Como hemos visto, los ignorantes actúan según las demandas de la sociedad en vez de seguir sus propios gustos e inclinaciones. En cuanto a la manera de divertirse, las películas que ven y los restaurantes, cafeterías o discotecas a las que van, basan sus decisiones en los estándares de la sociedad. Creen que si hacen lo que está de moda y aprueba la sociedad tendrán su posición en ella, serán importantes y respetados por los demás. Por ejemplo, que los vean en una discoteca de moda “donde todo el mundo va” es muy importante para su autoestima. Aunque se sientan incómodos allí, poder contar al día siguiente a los colegas de trabajo o amigos que se lo pasaron estupendamente hace que se sientan importantes. Cuando nos fijamos en estos lugares de ocio, comprobamos que no hay nada en ellos que atraiga a nuestro espíritu; al contrario, hacen que nos sintamos cansados e inquietos. La mayoría de estos lugares están abarrotados y tienen el aire viciado, puesto que hay mucha gente fumando. Es difícil escuchar lo que otros dicen debido al ruido. No importa lo buena que sea la música o lo deliciosa que sea la comida, la multitud y el ruido hacen imposible disfrutar de ellas. Aunque este lugar fuese tonificante, luminoso, limpio y estuviese bien equipado, el resultado sería el mismo, porque la gente que allí va no sigue la moral del Corán y por tanto no están satisfechos. En un ambiente cargado de envidia y rivalidad no se puede disfrutar. Esto sólo puede ocurrir en un ambiente natural, íntimo, amigable y seguro. Sin embargo, apenas pueden disfrutar si constantemente están buscando las faltas de los demás y humillándolos al criticar sus defectos. Resulta obvio que aquellos que hacen vida social con otros principalmente para desahogar su envidia y rivalidad son incapaces de gozar de ninguna de las comidas, conversaciones o bailes que hacen juntos. En lugar de eso, se agotan física y espiritualmente. Ésta es una realidad que ni ellos mismos pueden negar.

Además, el ambiente en el que esta gente ignorante hace vida social está abierto a toda clase de peligros.No importa el cuidado que pongan en elegir un entretenimiento de la más alta calidad, les guste o no, se ven forzados a soportar la compañía de personas que pertenecen a segmentos de la sociedad diferentes a los suyos. Dichas personas puede que sean unos depravados, que tengan un oscuro pasado y una mente criminal, puede que sean adictos a las drogas y al alcohol. Por supuesto, esto crea una atmósfera tensa para los que sólo quieren divertirse. Por tanto, estar en compañía de gente que no conocen (de cuyo pasado, estilo de vida, moral y carácter no saben nada) hace que les resulte imposible sentirse lo suficientemente cómodos para pasar un buen rato.

Uno no se puede sentir seguro en ese tipo de ambiente porque nadie teme ni respeta a Dios. No les preocupa tener que rendir cuentas a Dios en el Más Allá, así que piensan, actúan y reaccionan conforme a sus propias ideas y principios; ignoran todas las normas y límites excepto los suyos; y buscan su lucro. Por todas estas razones, resulta imposible sentirse realmente seguro y cómodo en un sitio en donde se reúne gente que no tiene fe en Dios. ¿Cómo puede alguien relajarse y disfrutar verdaderamente en un ambiente tan tenso y peligroso? Además, aunque sepan que no pueden divertirse como les gustaría, no quieren darse cuenta de que el problema viene de su falta de fe. Buscan la solución en otras formas de entretenimiento, pero sin éxito. No importa dónde vayan, encuentran la misma inquietud, tensión y aburrimiento. Aunque desde fuera parezca que están disfrutando, según lo que hemos dicho, está claro que no encuentran ni alegría ni tranquilidad de espíritu. Dios llama la atención sobre este hecho:

Nadie salvo los que se empeñan en negar la verdad cuestionaría los mensajes de Dios. Pero no te lleves a engaño porque parezcan libres de hacer lo que quieran en la tierra.
(Corán, 40:4)

Que no te llame a engaño ver como los que se empeñan en negar la verdad parecen libres de hacer lo que quieren en la tierra: (196)

es [sólo] un breve disfrute y luego tendrán por morada el infierno --¡que horrible lugar de reposo!--
(Corán, 3:196-197) (197)

Dios envía este sufrimiento a los incrédulos y no les permite disfrutar para que les consuma la desilusión. Si los creyentes se encontrasen en una situación similar, estarían satisfechos sabiendo que temen y respetan a Dios y que siguen la moral del Corán.

No pueden disfrutar de sus vacaciones

Los incrédulos piensan que pueden escapar de sus desagradables vidas yéndose de vacaciones. Si no se lo pueden permitir, tengan el nivel social que tengan, intentan crearse un ambiente vacacional según sus gustos y posibilidades. Algunos se quedan en casa y se relajan; otros aprovechan su tiempo libre para hacer pequeñas excursiones todos los días. Aunque el sitio al que vayan sea completamente diferente, su objetivo común consiste en tomarse un respiro del trabajo que tienen que hacer a lo largo del año y pasar mejor el tiempo haciendo algo diferente.

Así que empiezan a ahorrar dinero, soñando con las próximas vacaciones. Planean con antelación cada detalle; seleccionan cuidadosamente la ropa que se pondrán y se aseguran de que llevan todo lo que necesitan para sentirse a gusto. Y para que puedan disfrutar mejor del poco tiempo del que disponen, a menudo van acompañados de buenos amigos. Aún así, sus planes a veces se quedan en nada, puesto que las vacaciones no salen como esperaban. A veces, regresan más cansados física y mentalmente de lo que se fueron.

Existen razones para que esto ocurra. Por ejemplo, Dios pone a prueba a las personas creando adversidades aparentes así como ambientes que atraen a sus bajos instintos “… y os ponemos a prueba tentándoos [a todos] por medio de lo malo y lo bueno [de esta vida]: y todos habréis de retornar a Nosotros”. (Corán, 21:35)

Por tanto, de acuerdo con la sabiduría de Dios, el ser humano se enfrenta a lo bueno y a lo malo a lo largo de su vida. Si demuestra un buen carácter moral frente a las adversidades, Dios convierte los acontecimientos que en principio parecían negativos, difíciles o penosos en algo bueno y positivo. Así que cualquiera que actúe bajo este punto de vista estará satisfecho en todo momento, apreciará las buenas cosas que tiene y será feliz con ellas. Pero alguien moralmente ignorante, al enfrentarse a estas difíciles situaciones que Dios ha creado, no verá nada bueno en estos acontecimientos aparentemente negativos, no se sentirá contento en absoluto y, a causa de esta irritable actitud, no podrá disfrutar de las cosas buenas que posee.

En ambientes en los que la elevada moral que se alcanza por el temor de Dios está ausente, la gente no está satisfecha consigo misma, ni puede disfrutar de todas las cosas buenas que se les ofrece. Esto es así porque donde no existe confianza en Dios no se tiene la capacidad de ver lo bueno de cada acontecimiento, ni tampoco la madurez necesaria para soportar las aparentes adversidades y las actitudes equivocadas. Y cuando las personas no pueden solucionar sus problemas sin irritarse, les invade una actitud ignorante, supeditándolas a una gran ansiedad. Este es el porqué algunas personas no logran disfrutar de sus vacaciones como esperaban, a pesar de todos sus esfuerzos. Y esto también ocurre con respecto a otros aspectos de sus vidas. Si ponemos unos ejemplos de los problemas que uno se puede encontrar durante las vacaciones, quedará claro que estas gentes se sienten infelices únicamente debido a su moral particular.

Durante unas vacaciones, el desengaño más frecuente es que el lugar sea diferente al imaginado. El que el alojamiento sea más pequeño de lo que esperaban es motivo suficiente para disipar la alegría de estas personas desde el primer momento. Añadamos a esto que puede que hayan tenido un viaje difícil, lo que les vuelve particularmente impacientes. Su descontento al encontrarse en un lugar desconocido que no les agrada sólo hace aumentar su incapacidad para tolerar la falta de comodidades y servicios, desanimándoles enormemente. Les hace aún más infelices el pensar en la idea supersticiosa de que lo que mal empieza, mal acaba.

Hay veces en las que todo es de su agrado pero, si algo inesperado les ocurre durante las vacaciones, toda su alegría se desvanece. Por ejemplo, van a bañarse y empieza a llover, la luz o el agua se cortan de cuando en cuando, la piscina está abarrotada, o no quedan buenas mesas en el restaurante. Por el contrario, los creyentes que pasan por una situación similar ven esto con los ojos de la fe, como una fuente de gozo. No importa lo desagradable de la situación, ellos tendrán muchas cosas por las cuales dar gracias a Dios y sabrán cómo disfrutar de ellas. Por ejemplo, puede que no haga sol, pero hay otras cosas interesantes que hacer cuando llueve. Puede que la piscina esté abarrotada, pero pueden practicar deportes al aire libre, pasear o ir de compras. Puede que la mesa del restaurante no sea la mejor, pero en la mesa de al lado hay unos amigos con los que pueden charlar. Permanecen tranquilos en todas las situaciones que hemos mencionado, puesto que reaccionar negativamente sólo hará que se sientan desgraciados. Sabiendo esto, adoptan una actitud madura y positiva ante tales circunstancias.

De hecho, los incrédulos se sienten infelices incluso cuando todo es perfecto porque su corrupto espíritu, su descontento interior y su moral (que no proviene del Corán) hacen que no disfruten de estas bendiciones. Si no saben dar gracias a Dios por lo que tienen o adoptar una actitud positiva frente a lo que les ocurre, si son intolerantes y no perdonan los errores de los demás y si no son generosos consigo mismos ni modestos, nunca serán capaces de disfrutar de Sus bendiciones. Pero si en sus corazones habita el temor y el respeto a Dios, poseerán todas estas buenas cualidades morales y Él hará que disfruten de los placeres de esta vida.

Se aburren con sus posesiones

En el Corán, Dios nos cuenta que Sus bendiciones no les hacen bien a los incrédulos:

Pero dejadles, hundidos en su ignorancia, hasta un plazo [futuro].(54)

¿Piensan, acaso, que mediante la riqueza y los hijos que les damos (55)

Nosotros [queremos sólo] hacer que compitan entre sí en hacer [lo que ellos consideran] buenas obras? ¡Qué va, --pero no se dan cuenta [de su error]!
(Corán, 23:54-56) (56)

Los incrédulos pueden pasar toda su vida rodeados de riqueza, belleza, honor, fama y respeto, pero nada de esto les ayuda o beneficia y lo único que experimentarán será una agonía creciente en ambos mundos. A primera vista parece que Dios les otorga bendiciones, pero Él hace que no las disfruten. Por tanto, incluso aunque estén rodeados de las mismas, se encuentran, a su vez, privados de ellas. Una persona puede tener todo lo que quiera, pero todo ello se convierte en sufrimiento porque no es capaz de disfrutar de lo que tiene.

Debemos recordar que la gente conoce la razón por la que esto es así: el no poder atenerse a la moral del Corán. Por supuesto, niegan este hecho con vehemencia. En vez de buscar la solución en la fe y refugiarse en Dios, intentan evitar su hastío cambiando sus hábitos, actitudes, círculo social, amigos y lugares que frecuentan. Esperan que entonces todo volverá a estar bien otra vez, y habrán llenado el vacío de sus vidas y ahuyentado el desasosiego de sus corazones. Todos hemos escuchado alguna vez decir a alguien cosas como: “Quiero comenzar una nueva vida”, “Empezaré desde cero” o “Voy a borrar el pasado y pasar página”. Aunque consigan comenzar una vida completamente distinta, no logran encontrar el significado, emoción o felicidad que buscan. Por ejemplo, toman lecciones de pintura o de escultura pensando que disfrutarán creando obras de arte que expresen su personalidad, pero pronto descubren que no les llega tal placer. Lo intentan todo para estimular su ego, para que sus iguales les adulen y para lograrse una buena reputación en la sociedad. Asisten a reuniones, aceptan un puesto en una organización benéfica, van a exposiciones, conciertos y al teatro; van de compras, practican diferentes deportes y preparan encuentros con sus amigos. Pero después de un tiempo también se aburren de estas cosas; no logran encontrar la emoción que buscaban. Nada ha cambiado porque sus almas no lo han hecho. Únicamente si estos miembros de una sociedad ignorante abandonan su improcedente modo de obrar y adoptan la elevada moral que Dios ha ordenado, podrán estar felices y contentos.

Algunos piensan que el dinero y lo que éste puede comprar les dará la felicidad, así que se concentran en ganarlo. Pero adquirir un coche mejor, una casa más bonita, una mejor posición o más comodidades nunca les satisfará puesto que les domina el deseo de tener más. Por ejemplo, hay a quienes les apasionan los coches. Para ellos es muy importante que su coche sea el último modelo de una buena marca; debe tener una buena mecánica y un sistema musical de calidad. Se encuentran emocionalmente muy unidos a su coche y no quieren que sufra la menor abolladura o arañazo. Pero la satisfacción que sienten por conducir un buen coche no les dura mucho. En seguida sale un nuevo modelo, y el suyo se pasa de moda. Les duele saber que un coche más rápido, con más accesorios y una mejor mecánica está en el mercado, y en un instante pierden todo el placer que sentían por su en otro tiempo tan codiciada posesión. El guardarropa también se convierte en un problema para la gente ignorante. Algunos quieren seguir la última moda, aunque no dispongan de dinero para ello. Compran un traje que les gusta y atrae, pero deja de hacerlo cuando se pasa de moda o lo ven en alguien que no les gusta o, peor aún, en un rival. De repente, el traje pierde su atractivo y les irrita. Del mismo modo, cuando ven a alguien que lleva una ropa mejor que la suya, se sienten desgraciados. No importa lo bonitos que sean sus trajes, les preocupa que se ha vuelto algo normal, lo que los hace infelices. Sus costumbres, actividades sociales, medios materiales o posesiones no les hacen felices, y su búsqueda constante les hace incluso más desgraciados. Cuando se dan cuenta de que han desperdiciado todos los placeres de esta vida, normalmente se “enojan con la vida”. Incapaces de resolver sus problemas por medio de la fe, permanecen confusos e infelices. Por tanto, a pesar de todos sus esfuerzos, siguen confusos e infelices. Sin embargo, si practicaran una moral religiosa, disfrutarían de un gozo más profundo del que se imaginan.

Los creyentes lo tienen muy claro. Al haber escapado del aburrimiento y la ansiedad, profundizan en sus almas cada vez más y así comprenden mejor el valor de las bendiciones que Dios les otorga. Su alegría y satisfacción aumentan, puesto que comprenden que dichas bendiciones son manifestaciones de la misericordia, amor y bondad de Dios hacia ellos. Puesto que viven sus vidas volcados en Él, aprovechan cualquier oportunidad para lograr Su aprobación y lo hacen todo para agradarle, experimentan continuamente la misma alegría y emoción profundas. En el Corán, Dios revela el estado espiritual de tranquilidad perdurable de los que tienen fe en Él:

[Pero a los justos Dios les dirá:] "¡Oh tú, alma sosegada!(27)

¡Vuelve a tu Sustentador, complacida [y] digna de [Su] complacencia:(28)

entra, pues, con Mis [verdaderos] siervos (29)

si, entra en Mi paraíso!"(30)(Corán, 89:27-30)

No pueden disfrutar de la belleza natural

El materialista modo de pensar de los incrédulos les vuelve incapaces de percibir la belleza de la naturaleza. Contemplan todo lo que les rodea en términos de cómo pueden sacar provecho de ello. Esta búsqueda de beneficios se encuentra tan arraigada en su carácter que creen que algo bonito sólo tiene sentido si conlleva adulación y respeto. Esta visión limitada de las cosas hace que no se den cuenta de la belleza natural que engalana toda la creación, así que sus apreciaciones son únicamente superficiales.

Sin embargo, Dios ha bendecido el mundo con una espléndida belleza natural para agradar al alma humana y poder pensar en Él, observar Su gran poder, creer en Él y darle gracias. No importa dónde vivamos, todos tenemos alguna clase de conexión con parte de esta belleza. La lluvia, las olas batiendo en la orilla, una puesta de sol, o contemplar una flor, todo esto es placentero para el alma. Cualquier parte de la creación deja huella en las personas e implica bendiciones. Al mirar con los ojos de la fe, los creyentes saben que Dios ha creado todas estas cosas bellas para ellos. Así que se fijan hasta en el más pequeño detalle y, como resultado, obtienen un profundo gozo. Los que contemplan el mundo sin prestar atención lo hacen a través de un velo de inconsciencia. Por este motivo, la mayoría de los ignorantes no se da cuenta de la belleza que les rodea; y de lo que sí se dan cuenta no tiene mucho sentido para ellos. En lo que a ellos concierne, bien podría haber un velo sobre las maravillosas bendiciones que les rodean. En el Corán, nuestro Señor describe el estado en que se encuentran los que tienen ojos pero no ven:

... ¡Pues, ciertamente, no son los ojos los que se vuelven ciegos --sino que se vuelven ciegos los corazones que encierran los pechos!
(Corán, 22:46)

Y ciertamente hemos destinado al infierno a muchos seres invisibles y hombres que tienen corazones con los que no comprenden la verdad, ojos con los que no ven y oídos con los que no oyen. Son como el ganado --¡que va! son aún menos conscientes del camino recto: ¡ellos, precisamente, son los [realmente] inconscientes!
(Corán, 7:179)

En otra parte, Dios describe la radiante dicha de los rostros de los creyentes que se complacen con sus bendiciones:

reconocerás en sus rostros el resplandor de la dicha.
(Corán, 83:24)

En otra aleya, revela:

Os han llegado de vuestro Sustentador vías de discernimiento [por medio de esta escritura divina]. Así pues, quien quiera ver, lo hace por su propio bien; y quien decida seguir a ciegas, lo hace en detrimento propio. Y [diles a los ciegos de corazón]: "No soy vuestro guardián."
(Corán, 6:104)

Así, los que contemplan desatentos lo que les rodea, lo hacen como si fuera a través de una cortina. Por supuesto, la gente que vive entre la belleza natural tratará de sacar provecho de ello cuando les convenga. Por ejemplo, disfrutan de una puesta de sol en el mar o de contemplar las flores y los árboles, pero su gozo es limitado. No sienten el placer en lo profundo de sus corazones. Lo único que experimentan es una alegría normal y efímera que rápidamente deja paso a la insensibilidad, el desinterés y el aburrimiento. En seguida quieren algo nuevo, más interesante y original. Éste es un signo de la degradación e insensibilidad de sus almas. Son incrédulos que dicen que aman la naturaleza y quieren vivir en ella (algunos incluso han pasado parte de sus vidas haciéndolo) pero, ¿cómo miden el placer que obtienen de la belleza natural?

Los creyentes saben que esta medida depende de su capacidad para sentir el poder y la grandeza de Dios, dándose cuenta de su pequeñez comparada con Su espléndida creación, y sometiéndose con sinceridad a Él. Dios sólo permite que realmente gocen de las cosas bellas los que conocen esta verdad y viven conforme a ella. Incluso aunque vivan en medio de toda esta belleza, algunas personas no pueden evitar sentir el vacío en sus corazones, ni un descontento e infelicidad profundos. Esto sólo demuestra su incapacidad de disfrutar de esta belleza como es debido. Dado que no tienen fe en Dios, la belleza sólo les produce un gozo efímero y mantiene su interés durante un corto periodo de tiempo.

Sin embargo, una persona que sabe que Dios ha creado todas las cosas bellas que le rodean puede comprender mejor el significado que se oculta tras ellas. Descubrirá sus aspectos más profundos y experimentará alegría con cada nuevo descubrimiento. En consecuencia, puede sentir el profundo gozo que proviene de percibir los supremos atributos de Dios, Su grandeza, infinito arte creativo, sabiduría y conocimiento, y dominio sobre toda la creación. Dicha persona no necesita visitar todos los países del mundo para contemplar su belleza natural. La riqueza y profundidad de su propia alma le permite deleitarse con las innumerables pequeñas escenas a las que está acostumbrada mientras pasea de acá para allá. Esto le produce una enorme sensación de gozo en lo profundo de su ser.

Por ejemplo, Dios ha creado los animales como una bendición para los humanos. Innumerables especies de aves se deslizan con garbo en el aire, sus bellas alas, brillantes colores y simétricas plumas proporcionan alegría a quienes las contemplan con los ojos de la fe. El modo en que una bonita ardilla utiliza sus dientes, mueve sus patas y golpea su cola despierta un sentimiento de compasión en el corazón de los creyentes. También ocurre al ver a un lindo conejito usando sus patitas para comerse una zanahoria, o el diseño de las rayas de una cebra, o el magnífico galopar de un caballo, o la belleza de una gacela, o las innumerables peculiaridades de todos los animales. El radiante verdor de un bosque, la magnificencia de una cascada, contemplar cómo las nubes rasgan la cima de una montaña y las incontables clases de árboles, flores, frutos y verduras son otros ejemplos. Le dan gracias a Dios al presenciar estas manifestaciones de Su suprema sabiduría y arte creativo.

Todos los creyentes tienen una capacidad sin límites para disfrutar de la belleza natural, un goce que aumenta conforme a lo que lo hace su fe. Éste es un placer que Dios sólo concede a quienes se acercan a Él con sinceridad; lo concede a cambio de contemplarlo todo con los ojos de la fe.Los que niegan a Dios no disfrutan de las cosas bellas de este mundo y no las tendrán en el otro. En este último, sólo encontrarán sufrimiento. En el Corán, Dios llama nuestra atención sobre esta realidad:

Y apártate de aquellos que, seducidos por la vida de este mundo, han hecho del juego y la diversión pasajera su religión; pero recuerda[-les] por medio de este que [en la Otra Vida] todo ser humano será retenido en prenda por el mal que haya hecho, y no tendrá quien le proteja de Dios ni quien interceda por él; y aunque ofreciera cualquier rescate imaginable, no le sería aceptado. Estos serán retenidos en prenda por el mal que hayan hecho; para ellos hay [en la Otra Vida] una pócima de ardiente desesperación, y les aguarda un doloroso castigo por su continua negativa a aceptar la verdad.
(Corán, 6:70)

Son incapaces de disfrutar de la limpieza

La limpieza revela la personalidad, el carácter moral, la manera de pensar y la inteligencia de una persona. Dios menciona su importancia en el Corán:

¡Y purifícate interiormente!(4)

¡Y huye de toda impureza! (5)(Corán, 74:4-5)

Pero la limpieza es una cualidad que únicamente se encuentra entre los que tienen fe de verdad. Como otras cualidades morales, la limpieza sólo se logra por el temor de Dios. Esto es así porque quien teme a Dios sabe que, aunque esté a solas consigo mismo, Él ve todo lo que hace y que, en el otro mundo, recibirá una recompensa por sus actos. También sabe que recibirá una recompensa por todo lo que hace contrario a la voz de su conciencia. Por este motivo, evitará hacer cualquier cosa que disguste a Dios y que el Corán diga que está mal. En su vida cotidiana, practica la clase de limpieza que Él describe en el Libro como forma de adoración. Esto implica que le gusta estar en sitios limpios, usar cosas limpias y relacionarse con gente limpia. Por supuesto, los incrédulos entienden la limpieza a su modo. A algunos se les conoce por su meticulosa pulcritud y aseo, pero ello no proviene de su temor y respeto a Dios o de su deseo de lograr Su aprobación. Por tanto, su limpieza se debe a lo que la sociedad espera de sus miembros. Esta gente se pierde grandes cosas por no conducir su vida conforme a lo que el Corán revela que es la limpieza, y por su incapacidad de necesitar de ella. Como respuesta a su falta de fe, Dios les ha privado de este placer y les ha obligado a vivir en un ambiente desagradable.

Los incrédulos conocen dos clases de limpieza: la visible y la invisible. Para ellos es más importante la primera, es decir, la limpieza del cuerpo y del vestido. Sin embargo, la limpieza exterior cuenta con un lado oscuro puesto que los incrédulos, cuando están solos o creen que nadie los observa, a menudo actúan de modo diferente a como lo hacen en público. Resulta imposible saber lo que hacen cuando están a solas, puesto que los demás no saben lo que es (o no) importante para ellos, porque alguien que no teme a Dios decide lo que está bien o mal según sus propias ideas.

Este tipo de gente contempla su aseo personal y la limpieza de sus hogares desde fuera y los miden en términos de si hay o no suciedad. Posponen el baño, la colada, la plancha, el cambio de sábanas y toallas y el ordenar la casa porque estas tareas les aburren. Limpian y organizan sus armarios únicamente cuando no hay más remedio. Algunos incluso mezclan la ropa sucia con la limpia y se la vuelen a poner. En general, si se lo pueden permitir, pagan a alguien para que vaya a su casa una vez a la semana a hacer limpieza. Además de esto, no se molestan en limpiar el baño, los suelos, el polvo de los rincones o en ordenar sus habitaciones.

Algunas personas son incluso físicamente sucias. Se cansan de lavarse y, sobre todo cuando hace frío, lo único que se lavan es el pelo. No les preocupa su suciedad porque nadie puede verla. Las mujeres van a la peluquería a arreglarse el cabello y no sienten la necesidad de volvérselo a lavar hasta que se les cae la permanente. Esta gente trata de encubrir su suciedad usando pesados perfumes y desodorantes, pero esto resulta bastante desagradable. Piensan que es normal oler a tabaco, comida o sudor. Aparentemente están limpios y sus ropas parecen planchadas y sin manchas, pero realmente no lo están porque albergan una visión retorcida de lo que es la limpieza de verdad. Por ejemplo, si se untan la ropa de barro o derraman algún líquido sobre sus mangas, lo que quizás no deje una mancha permanente, consideran que no están sucios. Puede que se ensucien las manos o estén aceitosas por la comida, pero no se las lavan inmediatamente después de comer. Piensan que nadie les ve preparar la comida y fácilmente pueden utilizar un cucharón que no han lavado antes o volver a poner en el plato un pedazo de comida que se les ha caído en la encimera sucia o al suelo. Puede que utilicen utensilios sin haberlos lavado y ollas sucias. Del mismo modo, no se preocupan de lo sucios que estén sus baños, con lo que están poniendo en peligro su propia salud y la de los que viven con ellos.

Podríamos contar muchas más cosas de lo que este tipo de gente es capaz de hacer. Si se les preguntase, dirían que no se han dado cuenta de que tienen la ropa, manos o caras sucias. La razón es que lo ven como algo normal. Aunque hagan que los que están a su alrededor se sientan incómodos o incluso pongan en peligro su salud, no lo admitirán. No debemos olvidar que se trata de la recompensa que Dios otorga a la sociedad ignorante. En cierto sentido, los que rehúsan tener fe reciben su pago por el daño que han hecho con su distorsionada moral.

Otro error común consiste en creer que no ser limpio es un signo de modernidad. Los que así piensan opinan que cualquiera que interfiera con la suciedad que hay a su alrededor está pasado de moda. Y, puesto que se incitan unos a otros a pensar de esta manera, dudan en criticarlo, aunque saben que ese estilo de vida está equivocado. Por ejemplo, entran en casa llevando los zapatos sucios y están contentos dejando las alfombras y los sofás llenos de polvo y suciedad. Y no les importa si alguien va a su casa y ensucia sus alfombras con los zapatos sucios; protestar sería algo incómodo.

Esta distorsionada manera de pensar se observa en mucha gente joven. Creen que está bien dormir con la misma ropa que han llevado todo el día. Para ellos es normal comer un bocadillo aceitoso, no lavarse las manos y luego pasárselas por el pelo y la ropa. Si les salpica el barro, se lo limpian un poco y siguen su camino. Piensan que, cuanto más sucia, llena de manchas y rota esté su chaqueta, más “enrollados” son ellos. Sus vaqueros se convierten literalmente en un criadero de gérmenes y bacterias. También se observa esta tendencia entre los que equiparan el intelectualismo al modernismo. Creen que su desarrapado estilo de vida y manera de vestir les hace diferentes y les da un aire de superioridad. No puedes ni acercarte a ellos porque sus cuerpos y ropas exudan olor a tabaco y no puedes mirarlos a los ojos a causa de su largo, sucio y enredado pelo y sus descuidadas barbas. De hecho, resultan repulsivos. Piensan que, si estuviesen limpios y aseados, y que si mantuviesen una conversación en un ambiente luminoso, aireado y agradable, perderían su aura de intelectualidad y serían uno de tantos.

Un estilo de vida tan poco saludable tiene efectos tanto físicos como espirituales. Como viven rodeados de suciedad, enferman a menudo; el vivir en un lugar poco aireado, polvoriento e inmundo destruye sus pulmones y arruina su piel (a veces incluso se torna amarillenta). Con el tiempo, pierden la capacidad de apreciar la belleza y el buen aspecto físico, sus corazones se endurecen y son incapaces de disfrutar de las cosas buenas, y sus almas se corrompen.

Para los creyentes, por el contrario, la limpieza es un acto de adoración y una bendición que les proporciona placer, alegría, frescor, confort y confianza espirituales. Los creyentes, entre ellos, pueden tener paz de espíritu, sentarse donde quieran, y utilizar herramientas y utensilios sin duda ni intranquilidad. Saben que todos los creyentes temen y respetan a Dios, que no transgredirán la moral del Corán, que actúan igual en público que en privado, y que siempre se comportan con una pureza impecable en cualquier situación, tal y como Dios ordena. Hacen lo mejor que pueden para asegurarse de que los que les rodean disfrutan de igual nivel de confort, salud y seguridad que ellos.Su conciencia hace que acepten esto como una responsabilidad y evitan lo que pueda dañar a los demás. Les encanta intentar crear ambientes en este mundo que recuerden al Paraíso.

 

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