EL ATLAS DE LA CREACION -1-

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EL ATLAS DE LA CREACION


Conclusión

El tema que hemos explicado hasta ahora es una de las más grandes verdades que podrán escuchar mientras vivan. El demostrar o comprobar que el “mundo material” está en realidad en nuestras mentes y que nunca podremos tener una experiencia directa de la materia que existe en el exterior, es la clave para entender la existencia de Dios y de Su creación y para comprender que El es la única existencia categórica.

Quien advierte o intuye esto, entiende que el mundo no es el tipo de lugar que la mayoría de la gente supone. El mundo no es para nada un lugar de existencia real, como presumen quienes van por las calles de aquí para allá, se pelean en los bares, se exhiben en lugares lujosos, se jactan de las propiedades que poseen o dedican la vida a cosas sin sentido. El mundo es una imagen que vemos en nuestros cerebros y a cuyo original nunca llegamos. La gente a la que nos referimos antes observa esas percepciones sólo en sus mentes, aunque no sean conscientes de ello.

Este concepto muy importante  mina la filosofía materialista que niega la existencia de Dios. A ello se debió que materialistas como Marx, Engels y Lenin sintieran pánico y se enfurecieran al escuchar en su época los conceptos que sostenemos, y advirtieran a sus seguidores que "no piensen" en ello. En realidad, gente así, se encuentra en tal estado de deficiencia mental que ni siquiera puede comprender que las percepciones se forman dentro del cerebro. Suponen que el mundo que observan en el cerebro se trata del "mundo exterior" y no pueden captar la obviedad de lo opuesto.

Esa inconsciencia es el resultado de la falta de sabiduría que Dios produce en los incrédulos. En el Corán se dice que los incrédulos ... Tienen corazones con los que no comprenden, ojos con los que no ven, oídos con los que no oyen... (Corán, 7:179). Se puede profundizar en este punto por medio de la capacidad de reflexión. Para ello hay que considerar atentamente de qué manera se ven los objetos a nuestro alrededor y de qué manera se los interpreta al palparlos. Si uno procede con cuidado, entenderá que el ser inteligente que piensa y lee ahora este libro, es solamente un alma, la cual observa sobre una pantalla (como la del cine) lo que se llama "materia". Se considera que la persona que discierne esto ha salido del mundo material –que engaña a la mayoría del género humano– y ha entrado al campo de la verdadera existencia.

Esta realidad ha sido advertida por una serie de creyentes en Dios filósofos a lo largo de la historia. Aunque la visión de Wahdatul Wujood se ha desviado de la verdad debido a la comprensión incorrecta de esta realidad y a que rechaza la existencia de toda la creación, el gran erudito Imam Rabbani determina apropiadamente esta cuestión y dice que todas las existencias son “imágenes reflejas” vinculadas a Dios. 

Intelectuales islámicos como el Imam Rabbani (nacido en H. 972 –C. 1564– y fallecido en H. 1034 –C. 1624–), Muhyyidin Ibn al-'Arabi (nacido en H. 560 –C. 1165– y fallecido en H. 638 –C. 1240–) y Mawlana Jami (nacido en H. 817 –C. 1414– y fallecido en H. 898 –C. 1493–), se dieron cuenta de esta realidad a partir de los signos suministrados por el Corán y gracias al uso de la razón. Algunos filósofos occidentales como George Berkeley han entendido la misma realidad por medio de la razón. Imam Rabbani ha escrito en Maktubat (Cartas) que todo el universo material es "una ilusión y una suposición (percepción)" y que la única existencia absoluta es Dios:

“Dios... La sustancia de esas existencias que El ha creado no es otra cosa que la nada... El creó todas en la esfera de los sentidos y de las ilusiones... La existencia del universo está en la esfera de los sentidos y de las ilusiones, y no es material... En verdad, en el exterior, excepto la Existencia Gloriosa (es decir, Dios), no hay nada”204

Sin embargo, la cantidad de los que han comprendido este hecho a lo largo de la historia siempre ha sido limitada. Grandes eruditos como Imam Rabbani, han escrito que podría no ser conveniente contar esto a todos y que la mayoría de la gente no estaría en condiciones de entenderlo.

Pero en la época en que vivimos, el tema que tratamos se ha vuelto empírico debido a la cantidad de evidencias presentadas por la ciencia. El hecho de que la materia no es absoluta y que nuestro conocimiento es extremadamente limitado, se describe por primera vez de un modo muy concreto, claro y explícito.

Por esa razón, el siglo XXI será un punto de inflexión, pues la mayoría de la gente podrá comprender las realidades divinas y dirigirse en multitudes a Dios, la única Existencia Categórica. El credo materialista del siglo XIX será relegado en el siglo XXI al gran basurero de la historia. Se entenderá la existencia de Dios y Su Gran Creación, se comprenderá mejor la relatividad del espacio y del tiempo. La humanidad se liberará de los velos milenarios, de los engaños y de las supersticiones que la envuelven.

No es posible que este curso ineludible sea impedido por ninguna imagen refleja.

LA RELATIVIDAD DEL TIEMPO Y LA REALIDAD DEL DESTINO

Todo lo relatado hasta ahora demuestra que nunca tenemos un contacto directo con el "espacio tridimensional" y que nuestra vida transcurre totalmente en nuestras mentes. Afirmar lo contrario sería profesar una creencia supersticiosa muy alejada de la razón y de la verdad científica, porque de ninguna manera podemos lograr un contacto directo con el mundo exterior.

 Esto refuta el primer supuesto de la filosofía materialista, en la cual se basa la teoría de la evolución, es decir, que la materia es absoluta y eterna. El segundo supuesto sobre el que descansa la filosofía materialista es que el tiempo también es absoluto y eterno, lo cual es una superstición igual que el primero.

La Percepción del Tiempo

Lo que llamamos “tiempo” se realiza por medio de un método que consiste en comparar un momento con otro. Expliquemos esto con un ejemplo. Cuando una persona perfora un objeto, oye un ruido particular. Cuando vuelve a perforar el mismo objeto cinco minutos después, oye otro sonido. La persona percibe que hay un intervalo entre el primero y el segundo sonido y a ese intervalo lo llama "tiempo". Pero al oír el segundo sonido, el primero no es más que un recuerdo en la mente. Es, simplemente, un elemento de información en la memoria. La persona formula el concepto de tiempo comparando el momento que está viviendo con el que tiene en el recuerdo. Si no se hace esta comparación, no puede existir ningún concepto de tiempo.

En otras palabras, la percepción del tiempo se produce cuando en el cerebro se comparan distintos momentos e informaciones: alguien pasa por la puerta, entra a una sala y se sienta en un sillón.

En resumen, el tiempo pasa a existir como resultado de la confrontación hecha entre algunas ilusiones o espejismos almacenados en el cerebro. Si el observador del caso careciese de memoria, el cerebro no haría esas interpretaciones y por lo tanto nunca podría formarse el concepto de tiempo. La única razón por la que alguien determina que tiene treinta años de edad, es porque en la mente acumuló información de todo ese lapso de tiempo. Si no existiese la memoria no se acordaría del período anterior y experimentaría solamente el "momento" que vive.

La Explicación Científica de la Inexistencia del Tiempo

Intentemos aclarar este asunto citando las explicaciones sobre la materia dadas por distintos eruditos y científicos. Respecto del tema del tiempo que retrocede, el conocido intelectual y profesor de genética laureado con el premio Nobel, François Jacob, dice lo siguiente, en su libro Le Jeu des Possibles (Lo Potencial y lo Real):

“Las películas que se rebobinan nos permiten imaginar un mundo en el que el tiempo retrocede. Un mundo en el que la leche se separa del café y se sale de la taza para llegar a la lechera; un mundo en el que los rayos de luz son emitidos desde las paredes para juntarse en una fuente emisora en vez de fluir desde ella; un mundo en el que una piedra se desliza a la palma de la mano por medio de la colaboración asombrosa de innumerables gotas que posibilitan que salte fuera del agua. Además, en un mundo en el que el tiempo tuviese esos rasgos opuestos, los procesos del cerebro y la forma en que la memoria compilaría la información estarían funcionando también hacia atrás. Lo mismo es cierto para el pasado y para el futuro, y el mundo se nos presentará exactamente como aparece de manera corriente”205

Dado que nuestro cerebro está acostumbrado a una cierta secuencia de los sucesos, el mundo no opera para nosotros como se relata arriba y asumimos que el tiempo fluye siempre hacia adelante. Pero ésta es una decisión a la que se llega en el cerebro y por lo tanto totalmente  relativa. En realidad, nunca sabemos cómo fluye el tiempo, ¡o si fluye o no! Esto es así porque el tiempo no es una realidad absoluta sino sólo un tipo de percepción.

La relatividad del tiempo es un hecho también comprobado por Alberto Einstein, en su Teoría General de la Relatividad. Escribe Lincoln Barnett en El Universo y el Dr. Einstein:

“Junto con (la existencia) del espacio absoluto, Einstein descartó el concepto de tiempo absoluto, es decir, de un fluir del tiempo universal, de manera invariable, inexorable, estable, yendo del pasado infinito al futuro infinito. Mucho de la oscuridad que ha rodeado a la Teoría de la Relatividad surge de la renuencia del ser humano a reconocer que el sentido del tiempo, al igual que el sentido del color, es una forma de percepción. Así como el espacio es simplemente un posible orden de objetos materiales, así el tiempo es simplemente un posible orden de los sucesos. La subjetividad del tiempo se explica mejor en las propias palabras de Einstein. "Las experiencias de un individuo", dice el sabio, "se nos presentan ordenadas en una serie de sucesos; en esta serie, los acontecimientos singulares que recordamos aparecen ordenados según el criterio de 'anterior y posterior'. Por lo tanto, para el individuo existe un yo-tiempo o tiempo subjetivo. Este no es mensurable en sí. En realidad, lo que puedo hacer es asociar los números con los sucesos de manera que el número mayor se asocie con el último suceso antes que con uno anterior”206

Einstein mismo señaló, como se cita en el libro de Barnett: “el espacio y el tiempo son formas de la intuición, lo cual no puede estar más divorciado de la conciencia que lo que pueden estar nuestros conceptos del color, de la forma o de la medida”. Según la Teoría General de la Relatividad, “el tiempo no tiene ninguna existencia independiente si dejamos a un lado el orden de los sucesos, por medio del cual lo medimos”.207


Nuestra percepción subjetiva del tiempo surge de comparar y contrastar un momento con otro. Por ejemplo, nos imaginamos que pasan determinados intervalos de tiempo entre la siembra de la semilla, el desarrollo y florecimiento de la planta, el corte de las flores y el arreglo de un ramillete con las
mismas. A esos distintos intervalos los llamamos “tiempo”. Pero en realidad, el tiempo es una percepción que surge de contrastar lo que ocurre “en un momento determinado” con sucesos específicos que acontecieron antes.

 

Puesto que el tiempo consiste en percepciones, depende totalmente de quien lo percibe y por lo tanto es relativo.

La velocidad con que fluye el tiempo difiere de acuerdo a la referencia que usemos para medirlo, porque en el cuerpo humano no hay ningún reloj natural que indique con precisión la rapidez de su paso. Como escribió Barnett, ”Así como no hay nada que pueda denominarse color sin un ojo que lo discierna, de la misma manera, un instante, una hora o un día no son nada, sin un suceso que los marque”208


La relatividad del tiempo se experimenta plenamente cuando se sueña. Aunque lo que se percibe entonces parecería que dura horas, en realidad sólo dura minutos e incluso pocos segundos.

La relatividad del tiempo es claramente experimentada en los sueños. Aunque lo que vemos en nuestros sueños parece que dura muchas horas, en realidad ocupa solamente unos minutos e incluso unos pocos segundos.

Vayamos a un ejemplo para aclarar el tema. Supongamos que estamos en una sala con una ventana diseñada específicamente y que nos quedamos allí cierto tiempo. Concedamos que en la sala hay un reloj por medio del cual controlamos la cantidad de tiempo que transcurre. Admitamos que desde la ventana de la sala vemos la salida y puesta del sol en ciertos momentos. Si después de un período determinado se nos pregunta cuánto tiempo pasamos en la sala, la respuesta que daremos se basará en las informaciones que reunimos por medio de la observación del reloj y por el cómputo de las veces que salió y se puso el sol. Por ejemplo, podemos estimar que pasamos tres días en la sala. Sin embargo, si la persona que nos llevó allí dice que estuvimos solamente dos días, que el sol que vimos desde la ventana fue una imagen producida artificialmente con una máquina simuladora y que el reloj de la sala fue regulado especialmente para que marche más de prisa, entonces el cálculo que hicimos nosotros pierde sentido.

Este ejemplo confirma que la información que tenemos acerca de la velocidad del paso del tiempo, depende de quien lo percibe.

La relatividad del tiempo es un hecho científico probado también por la metodología científica. La Teoría General de la Relatividad de Einstein sostiene que el cambio de la velocidad del tiempo depende de la velocidad del objeto y de su posición en el campo gravitatorio. Mientras la velocidad aumenta, el tiempo se acorta y se comprime: va disminuyendo como si se dirigiese al punto de detención.

Expliquemos esto con un ejemplo dado por Einstein. Imaginemos dos hermanos mellizos, uno de los cuales permanece en la Tierra, en tanto que el otro viaja por el espacio a una velocidad cercana a la de la luz. Cuando éste vuelve a la Tierra verá que el hermano envejeció mucho más que él. La razón es que el tiempo pasa mucho más lentamente para la persona que viaja a velocidades cercanas a la de la luz. Consideremos un padre viajero del espacio y su hijo terráqueo. ¡Si el padre tenía veintisiete años cuando dejó al hijo de tres años en la Tierra, al regresar a ésta treinta años más tarde (tiempo terráqueo), el hijo ya tenía treinta y tres años mientras que él solamente treinta años!209

Esta relatividad del tiempo no es causada por la aceleración o desaceleración de un dimanar mecánico. Más bien es el resultado de los períodos modificados de las operaciones de todo el sistema de la existencia material, que alcanzan hasta las partículas subatómicas. En una situación donde el tiempo se acortara, la replicación de las células, los latidos del corazón, las funciones del cerebro, etc., operarían todos más lentamente que los movimientos más lentos en la Tierra. Con todo, la persona del caso continuaría su vida regular sin advertir para nada el acortamiento del tiempo.

La Relatividad en el Corán


El tiempo es un concepto totalmente dependiente de quien lo percibe. Un lapso de tiempo que a una persona le puede parecer largo, a otra le puede parecer
corto. Con el objeto de comprender cuál es la percepción correcta, nos valemos de distintos elementos, como relojes y calendarios. Es imposible juzgar correctamente el tiempo sin ellos.

La conclusión a la que nos vemos conducidos por los descubrimientos de la ciencia moderna, es que el tiempo no es una realidad absoluta como suponen los materialistas, sino solamente una percepción relativa. Lo más interesante es que esta realidad, no descubierta por la ciencia hasta el siglo XX, fue revelada al género humano en el Corán hace catorce siglos. En el Corán hay varias referencias a la relatividad del tiempo.

En muchos versículos coránicos es posible ver el hecho, probado científicamente, de que el tiempo es una percepción psicológica que depende de los sucesos, del medio circundante y de las situaciones. Por ejemplo, toda la vida de una persona es muy breve en el tiempo, como se nos informa en el Corán:

El día que os llame, responderéis alabándole y creeréis no haber permanecido sino poco tiempo. (Corán, 17:52).

Y el día que les congregue, será como si no hubieran permanecido más de una hora del día. Se reconocerán… (Corán, 10:45)

Algunos versículos indican que las personas perciben el tiempo de manera distinta, y que a veces algunas pueden percibir un tiempo muy corto como si fuese muy largo. Lo que conversa la gente durante el juicio en el otro mundo es un buen ejemplo de esto:

(Dios) dirá: "¿Cuántos años habéis permanecido en la tierra?". Ellos responderán: "Hemos permanecido un día o parte de un día (es decir, comparando los años terrenales con la eternidad) Mas pregunta a propósito de esto a los encargados de contar los días (es decir, los ángeles)". (Dios) dirá: "Poco tiempo habéis permanecido en la Tierra, en efecto, si en realidad queréis saberlo. (Corán, 23:112-114).

En otros versículos Dios dice que el tiempo puede fluir a un paso distinto en medios diferentes:

Te piden que adelantes la hora del castigo, pero Dios no faltará a su promesa. Un día junto a tu Señor vale por mil años de los vuestros. (Corán, 22:47).

Los ángeles y el Espíritu ascienden a El en un día que equivale a cincuenta mil años. (Corán, 70:4).

El dispone todos los asuntos desde el cielo a la tierra. Luego, todo ascenderá a El en un día equivalente en duración a mil años de los vuestros. (Corán, 32:5).

Estos versículos, que expresan claramente la relatividad del tiempo –conclusión a la que llegaron los científicos solamente en el siglo XX–, fue comunicada a los seres humanos hace mil cuatrocientos años por el Corán, como una señal de su revelación, por parte de Dios, Quien abarca todo el tiempo y el espacio.

Muchos otros versículos coránicos revelan que el tiempo es una percepción, particularmente en los relatos. Por ejemplo, Dios ha mantenido a los Compañeros de la Cueva –un grupo de creyentes mencionados en el Corán– en un sueño profundo durante más de tres siglos. Esas personas, cuando despertaron, pensaron que habían estado dormidas durante un tiempo breve y no podían darse cuenta de la duración del sueño en el que permanecieron:

Y les hicimos dormir en la caverna durante muchos años. Luego, les despertamos para saber cuál de los dos grupos calculaba mejor cuánto tiempo habían permanecido. (Corán, 18:11-12).

Así estaban cuando les despertamos para que se preguntaran unos a otros. Uno de ellos dijo: "¿Cuánto tiempo habéis permanecido?". Dijeron: "Permanecimos un día o menos". Dijeron: "Vuestro Señor sabe bien cuánto tiempo habéis permanecido... (Corán, 18:19).

La situación que se relata en el versículo que sigue sirve también de evidencia de que el tiempo es en verdad una percepción psicológica:

O como quien pasó por una ciudad en ruinas. Dijo: "¿Cómo va Dios a devolver la vida a ésta después de muerta?". Dios le hizo morir (a la persona que pasaba por la ciudad en ruinas) y quedar así durante cien años. Luego, le resucitó y dijo: "¿Cuánto tiempo has permanecido así?". Dijo: "He permanecido un día o parte de un día". Dijo: "No, que has permanecido así cien años. ¡Mira tu alimento y tu bebida! No se han echado a perder. ¡Mira a tu asno! Para hacer de ti un signo para los hombres. ¡Mira los huesos, cómo los componemos y los cubrimos de carne!". Cuando lo vio claro, dijo: "Ahora sé que Dios es omnipotente". (Corán, 2:259).

Este versículo enfatiza claramente que Dios, Quien creó el tiempo, no está sujeto al mismo. El ser humano, sin embargo, resulta ligado al tiempo, lo cual está dispuesto por Dios. Como en el versículo, el ser humano incluso es incapaz de saber cuánto ha dormido. Por lo tanto, asegurar que el tiempo es absoluto (como lo hacen los materialistas con su pensamiento distorsionado) es muy irrazonable.

El Destino

La relativa variabilidad del tiempo revela una realidad muy importante. Un período de tiempo de aparentemente billones de años para nosotros, en otra dimensión puede durar solamente un segundo. Por otra parte, un enorme lapso de tiempo, como el que va desde el inicio del mundo a su término, puede no durar siquiera un segundo, sino apenas un instante en otra dimensión.

Esta es la esencia de la realidad del destino, concepto que no es bien comprendido por la gente y en especial por los materialistas, quienes lo niegan completamente. El destino es el conocimiento perfecto que tiene Dios de todos los sucesos pasados y futuros. Muchas personas, sino la mayoría, cuestionan cómo puede ser que Dios ya conozca sucesos que aún no se experimentaron. Esto no les permite comprender la autenticidad del destino. Pero los sucesos aún no experimentados son solamente así para nosotros (es decir, se ubican dentro del ámbito del ser humano). Dios no está constreñido por el tiempo y el espacio porque El los creó. Por esta razón, pasado, presente y futuro son lo mismo para Dios; para El todas las cosas ya han ocurrido y finalizado.

En El Universo y el Dr. Einstein, Lincoln Barnett explica cómo la Teoría General de la Relatividad conduce a discernir eso. Según Barnett, el universo puede ser “abarcado en toda su majestad solamente por un intelecto cósmico”210  Lo que Barnett llama "intelecto cósmico", es la sabiduría y conocimiento de Dios, Quien reina sobre todo el universo. Como podemos ver fácilmente, así como nos es dable observar el inicio, transcurso y final de un gobernante, incluido todo lo que acontece en ese período como un todo, así Dios conoce el tiempo al que estamos sujetos, desde el inicio hasta el final, como si se tratase de un solo momento o período. Las personas experimentan los incidentes solamente cuando llega el momento en que ocurren, y entonces somos testigos del destino que Dios creó para ellas.

También es importante considerar la comprensión distorsionada del destino. Se cree erróneamente que Dios ha determinado un "destino" para cada persona y que ésta puede modificarlo en algunos casos. Por ejemplo, la gente comenta acerca de un enfermo que escapó de la muerte, diciendo "derrotó a su destino". Nadie es capaz de cambiar su destino. Quien escapó de la muerte, no murió, precisamente, porque todavía no era su momento. Irónicamente, el destino de esos que se autoengañan diciendo "escapé de mi destino", es que tienen que decir eso y mantener esa disposición o inclinación.

El destino es el conocimiento eterno de Dios. Y para El, Quien conoce el tiempo como un solo momento y Quien prevalece sobre el conjunto del tiempo y del espacio, todo está determinado y concluido. También comprendemos, de lo que se relata en el Corán, que el tiempo es uno para Dios: algunos incidentes que nos parecen sucederán en el futuro, en el Corán son tratados de tal manera como si ya hubieran tenido lugar mucho antes. Por ejemplo, los versículos que describen las explicaciones que la gente debe dar a Dios en el más allá, se relatan como sucesos que ocurrieron hace tiempo (o como si ocurrieran cuando se reveló el Corán) (Nota del traductor al español: Aquí se usan los tiempos verbales en presente, aunque en la traducción de Cortés están en futuro):

Se toca la trompeta y los que están en los cielos y en la tierra caen fulminados, excepto los que Dios quiera. Se toca la trompeta otra vez y he aquí que se ponen en pie, mirando. La tierra brilla con la luz de su Señor. Se saca la Escritura. Se hace venir a los profetas y a los testigos. Se decide entre ellos según justicia y no son tratados injustamente... Se dice (a los infieles): “¡Entrad por las puertas del Infierno...! Pero los que hayan temido a su Señor son conducidos en grupos al Paraíso... (Corán, 39:68-73).

Cada uno vino acompañado de un conductor y de un testigo. (Corán, 50:21).

El cielo se hendió, pues ese día está quebradizo. (Corán, 69:16).

Les retribuyó, por haber tenido paciencia, con un Jardín y con vestiduras de seda. Reclinados allí en sofás, están resguardados allí del calor y del frío excesivo. (Corán, 76:12-13).

Y se hace aparecer el fuego del Infierno a quien pueda ver. (Corán, 79:36).

Ese día los creyentes se ríen de los infieles, (Corán, 83:34).

Los pecadores vieron el Fuego y creyeron que se precipitaban en él, sin encontrar modo de escapar. (Corán, 18:53).

Como se puede ver, lo que va a ocurrir después de nuestra muerte (desde nuestro punto de vista) se relata en el Corán como sucesos pasados ya experimentados. Dios no está atado a la relatividad del tiempo en el que estamos confinados nosotros. Es Dios quien ha dispuesto estas cosas en la intemporalidad: (Para El) las personas ya las han cumplido y todos los sucesos han sido vividos y han terminado. Dios comunica en el versículo que sigue que todo suceso, grande o pequeño, está dentro de Su conocimiento y registrado en un Libro:

En cualquier situación en que te encuentres, cualquiera sea el pasaje que recites del Corán, cualquier cosa que hagáis, Nosotros somos testigos de vosotros desde su principio. A tu Señor no se Le pasa desapercibido el peso de un átomo en la tierra ni en el cielo. No hay nada, menor o mayor que eso, que no esté en una Escritura clara. (Corán, 10:61).

La Angustia de los Materialistas

Las cuestiones discutidas en este capítulo, es decir, la verdad subyacente en la materia, la inexistencia del tiempo y del espacio, resultan extraordinariamente claras. Como expresamos antes, no se trata, definidamente, de ningún tipo de filosofía o corriente de pensamiento, sino de resultados científicos imposibles de negar. Además de ser una realidad técnica, la evidencia tampoco admite ninguna otra alternativa lógica o racional en este tema: el universo es una entidad ilusoria con toda la materia que lo compone y con todas las criaturas que viven en él. Se trata de un conjunto de percepciones en nuestras mentes, cuyos originales no podemos contactar de manera directa.

A los materialistas les es difícil comprender esto. Verbigracia, retomemos el ejemplo del bus de Politzer: aunque éste sabía que técnicamente no podía salirse de sus percepciones, las admitía solamente en ciertos casos. Es decir, para él los sucesos tienen lugar en el cerebro hasta que el bus choca, momento en que las cosas salen del cerebro y ganan realidad física. El defecto lógico de este razonamiento resulta clarísimo. Politzer ha cometido el mismo error que el materialista Johnson, quien dijo: Golpeo la piedra, el pie se lastima, por lo tanto existe. Politzer no podía comprender que la conmoción que sintió después del impacto del bus era también, simplemente, una percepción.

La razón subliminal por la que los materialistas no pueden comprender este asunto, es el temor que enfrentarán cuando lo entiendan. Lincoln Barnett nos dice que algunos científicos "percibieron" esto:

“Junto con la reducción, por parte de los filósofos, de todas las realidades científicas a un mundo de percepciones de imágenes reflejas, los científicos se han vuelto conscientes de las alarmantes limitaciones de los sentidos del ser humano”211

En el materialista provoca gran temor considerar como percepciones a la materia y al tiempo, porque éstos son los elementos en los que se apoya y a los que considera existencias absolutas. En un sentido, los toma como ídolos a adorar porque piensa que la materia y el tiempo (a través de la evolución) lo crearon como persona.

Al sentir que el universo en el que piensa que vive, que el mundo, que su propio cuerpo, que otras personas, que otros filósofos materialistas que lo influencian, en resumen, que todo lo que experimenta es percepción, se ve afectado por un horror agobiante generalizado. Todo aquello en lo que cree y de todo lo que depende, desaparecen repentinamente. Prueba el sabor de la desesperación que experimentará realmente el Día del Juicio, como se describe en un versículo: Y, entonces, ofrecerán a Dios someterse. Pero sus invenciones se esfumarán. (Corán, 16:87).

Desde ahí en adelante este materialista intenta autoconvencerse de la realidad de la materia e inventa "evidencias" al efecto. Golpea la pared con el puño, patea piedras, vocifera, pero no puede escaparse de la realidad.

Así como quiere sacarse esta verdad de la mente, también quiere que otros hagan lo mismo. El materialista es consciente de que quedará al desnudo para todos y ya no tendrá argumentos para sostener la índole primitiva de su propia filosofía y la ignorancia que encierran sus especulaciones y visión del mundo si las personas en general conocen la auténtica naturaleza de la materia. No le quedará ningún fundamento sobre el cual poder racionalizar sus puntos de vista. Son los hechos relatados aquí los que motivan los temores causantes del desasosiego que le invade.

Dios dice que los temores de los incrédulos se intensificarán en el Más Allá. El Día del Juicio serán arengados así:

El Día que les congreguemos a todos, diremos a los que hayan asociado: "¿Dónde están vuestros pretendidos asociados?". (Corán, 6:22).

Después de eso, los incrédulos serán testigos de que sus posesiones, hijos y seres más cercanos, los abandonan y desaparecen. Habían asumido que estaban en contacto con sus originales y se hicieron la ilusión de considerarse, de hecho, “socios de Dios”, Quien nos informa de esto: ¡Mira cómo mienten contra sí mismos y cómo se han esfumado sus invenciones! (Corán, 6:24).

El Logro de los Creyentes

Mientras que la realidad del tiempo y de la materia son percepciones que alarman a los materialistas, para los creyentes es cierto lo opuesto. La gente de fe se pone muy contenta cuando percibe el secreto de la materia, porque es la clave para todas las cosas y para develar todos los enigmas. Se pasa a comprender con facilidad muchas cuestiones que antes se presentaban difíciles de discernir.

Como se dijo antes, se comprenderán cuestiones como las del Paraíso, la muerte, el Infierno, el Más Allá y las dimensiones cambiantes. Preguntas importantes del tipo, "¿Dónde está Dios?", "¿Qué había antes de Dios?", "¿Quién creó a Dios?", "¿Cuánto durará la vida en la tumba?", “¿Existen realmente el Cielo y el Infierno?”, "¿Dónde están el Cielo y el Infierno?", pueden responderse entonces fácilmente. Una vez que se comprende que Dios creó todo el universo de la nada, las preguntas de "¿cuándo?" y "¿dónde?" pierden sentido, porque el tiempo y el espacio desaparecen. Al entenderse el concepto de inexistencia del espacio, se comprenderá que el Infierno, el Cielo y la Tierra ocupan todos el mismo lugar y a la vez el tiempo no pasa, no transcurre y no hay que esperar nada porque todo ya ha sucedido y finalizado.

Después de penetrar en este secreto, el mundo se vuelve como el Cielo para el creyente. Desaparecen todas las ansiedades, terrores y luchas angustiantes. La persona capta que el universo tiene un Soberano singular que crea el mundo físico como Le place y que todas las cosas tienen que retornar a El. Entonces el creyente se somete totalmente a Dios: … a Tu exclusivo servicio… (Corán, 3:35).

Comprender este secreto es el mayor logro en el mundo en que vivimos, pues se descubre otra realidad muy importante mencionada en el Corán: … Estamos más cerca de él que su propia vena yugular. (Corán, 50:16). Como todos saben, la yugular está dentro del cuerpo. ¿Qué podría estar más cerca de la persona que su interior? Esta situación se puede explicar fácilmente por medio del hecho que no podemos salir de nuestras mentes. La comprensión de este secreto nos permite entender mucho mejor el versículo anterior.

Esta es la plena verdad. Debería quedar bien establecido que no hay ningún otro auxiliar o proveedor del ser humano que no sea Dios. No hay nada excepto Dios. El es la única existencia absoluta en Quien uno puede buscar refugio, a Quien uno puede llamar por ayuda y en Quien confiar por la gratificación.
A donde quiera que nos volvamos, ahí está la presencia de Dios...

    

204. Imam Rabbani Hz. Mektuplari, (Cartas de Rabbani), vol. II, 357, Carta en página 163.
205. Francois Jacob, Lo Potencial y lo Real, University of Washington Press, 1982, p. 111.
206. Lincoln Barnett, El Universo y el Dr. Einstein, William Sloane Associate Press, New York, 1948, pp 52-53.
207 Idem., p. 17
208 Idem., p. 58
209. Paul Srtathern, La Gran Idea: Einstein y la Relatividad, Arrow Books, 1997, p. 57.
210. Lincoln Barnett, El Universo y el Dr. Einstein, William Sloane Associate Press, New York, 1948, p. 84.
211 Idem., pp. 17-18

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