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LOS TORMENTOS DEL INFIERNO
CUANDO TE LLEVAN AL INFIERNO
El infierno - ese lugar en donde los atributos de Dios (el al-Jabbar (el Dominador), al-Qahhar (el Aniquilador) y al-Muntaqim (el Vengador)) se manifiestan durante toda la eternidad - ha sido especialmente creado para inflingir sufrimiento al hombre. En el Corán se describe al infierno como si fuese un ser vivo. Esta criatura está llena de ira y odio hacia los incrédulos. Desde el día en que fue creado espera impacientemente vengarse de ellos. Sus sentimientos no se pueden aplacar. Su odio hacia los incrédulos le vuelve loco. Cuando se encuentra con los que negaron a Dios su ira se intensifica. La creación de este fuego sólo sirve a un propósito: infligir un tormento insoportable. De hecho, cumplirá con su obligación y aplicará el peor de los sufrimientos.
Después de que tenga lugar el juicio de los incrédulos en presencia de Dios, éstos tomarán sus Libros por la izquierda. Este será el momento en que se les enviará al infierno por toda la eternidad. Para ellos, no hay oportunidad de escapar. Habrá billones de personas, pero no podrán ampararse en esta inmensa multitud para escapar o para que se les ignore. Nadie se puede esconder. Aquellos a los que se les envíe al infierno estarán acompañados de un testigo y de alguien que conduzca su alma:
Y [al final] se hará sonar la trompeta [de la resurrección]: ese será el Día de la amenaza cumplida. Y cada ser humano comparecerá con [sus antiguos] impulsos internos y [su] mente consciente, [y se le dirá:] “¡En verdad, has vivido desatento a este [Día del Juicio]; pero ahora te hemos quitado el velo, y hoy tu vista es penetrante!”
Y una parte de él dirá: “¡Esto es lo que yo he tenido siempre presente!”
[Entonces Dios ordenará:] “¡Arrojad, arrojad al infierno a todo obstinado enemigo de la verdad, [a todo] represor del bien, transgresor [e] instigador de la desconfianza [entre los hombres - a todo aquel] que haya erigido junto a Dios a otra deidad: arrojadle, pues, arrojadle a un castigo severo!” (Sura 50: 20-26 Qaf)
Se conducirá a los incrédulos a este terrible lugar. Según las palabras del Corán, serán conducidos “en grupos”. Sin embargo, en su camino al infierno, se infundirá el temor en sus corazones. El horrible ruido y fragor del infierno se escucha en la distancia:
Cuando sean arrojados en ese [infierno], oirán su fragor mientras hierve, a punto de estallar de furia; [y] cada vez que un grupo [de esos pecadores] es arrojado en él, sus guardianes les preguntan: “¿No vino a vosotros ningún advertidor?” (Sura 67: 7-8 La soberanía)
De los versículos anteriores se deduce que, cuando se les vuelva a crear, los incrédulos comprenderán lo que les aguarda. Estarán solos, sin amigos, ni parientes ni nadie que les ayude. No tendrán ya fuerza para mostrarse arrogantes y apartarán su mirada hacia otro lado. Hay un versículo que describe este momento:
Y les verás expuestos a esa [fatalidad], abatidos de humillación, mirando [a su alrededor] con mirada furtiva – y dirán los que habían llegado a creer: “¡Verdaderamente perdidos están, en [este] Día de la Resurrección, los que se han malogrado a sí mismos y a sus seguidores!”
En verdad, los malhechores estarán en un castigo permanente. (Sura 42: 45 La consulta)
La entrada al infierno y sus puertas
Finalmente, los incrédulos llegan a las puertas del infierno. El Corán describe lo que acontecerá como sigue:
Y los que se empeñaron en negar la verdad serán conducidos en multitudes hacia el infierno hasta que, cuando lleguen a él, se abrirán sus puertas, y sus guardianes les preguntarán: “¿No vinieron a vosotros enviados, de entre vosotros, que os transmitieron los mensajes de Dios y os advirtieron de la llegada de este vuestro Día [del Juicio]?”. Responderán: “¡Sí, en verdad!”.
Pero la sentencia del castigo se habrá hecho [ya] inevitable para quienes negaron la verdad; [y] se les dirá: “¡Entrad por las puertas del infierno, en donde permaneceréis!” ¡Y qué horrible morada la de los soberbios! (Sura 39: 71-72 Las multitudes)
Existe una puerta especialmente creada para cada uno de los grupos. Se les clasifica dependiendo del grado de rebelión contra Dios. Se coloca a los incrédulos dentro del infierno según los pecados que hayan cometido. Así, se dice en el Corán:
[Y Dios] dirá: “¡Entrad en el fuego a reuniros con las multitudes de seres invisibles y de hombres que os han precedido!”
[Y] cada vez que entra una multitud [ene. fuego], maldice a su hermana – hasta que llegado el punto en que, unas detrás de otras, hayan entrado todas en él, la última dirá de la primera: “¡Oh Sustentador nuestro! ¡Estos son quienes nos extraviaron: dadles, pues, un castigo doble en el fuego!”
Él responderá: “Todos merecéis un castigo doble –pero no lo sabéis”. (Sura 7: 38 La facultad del discernimiento)
Otro versículo nos ofrece información detallada sobre el infierno:
... para todos esos el infierno es sin duda la meta prometida, con siete puertas de acceso y cada puerta recibirá su porción asignada de pecadores. (Sura 15: 43-44 al-Hichr)
Los hipócritas serán los que estén sometidos a los más severos tormentos. Se trata de los que actuaban como si fueran creyentes pero no abrigaban la fe en sus corazones:
Verdaderamente, los hipócritas estarán en lo más profundo del fuego y no encontrarás quien les auxilie. (Sura 4: 145 Las mujeres)
El infierno está lleno de odio, su hambre de incrédulos no se puede saciar. A pesar de todos los incrédulos que se le arrojen, pedirá más:
Ese Día preguntaremos al infierno: “¿Estás lleno?” – y responderá: “[No,-] ¿hay aún más [para mí]?” (Sura 50: 30 Qaf)
Una vez que te atrape, te mantendrá allí por toda la eternidad. Dios describe el infierno en el Corán de la siguiente manera:
¡Le arrojaré al fuego del infierno [en la Otra Vida]! ¿Y qué puede hacerte concebir lo que es el fuego del infierno? No deja vivir, ni tampoco deja [morir], hace visible al mortal [toda la verdad]. (Sura 74: 26-29 El arropado)
Sin duda, la entrada al infierno también resulta dolorosa. Se “lanza” a la gente a su fuego Según otro versículo, se “arrojan” (Sura 26: 94 Los profetas) a él.
Una vida entera encerrado
Tan pronto como los incrédulos llegan al infierno, sus puertas se cierran detrás de ellos. Aquí ven las cosas más temibles. Inmediatamente se dan cuenta de que se les está “presentando” al infierno, el lugar en donde permanecerán durante toda la eternidad. Las puertas cerradas indican que no hay salvación posible. Dios describe así el estado de ánimo de los incrédulos:
Pero los que se empeñan en negar la verdad de Nuestros mensajes – ésos se han hundido en el mal, [y] el fuego se cierra en torno a ellos. (Sura 90: 19-20 El territorio)
Se describe el tormento en el Corán como “un castigo terrible” (Sura 3: 176 La casa de Imrán), “un castigo severo” (Sura 3: 4 La casa de Imrán), y “un castigo doloroso” (Sura 3: 21 La casa de Imrán). Las descripciones que se hacen resultan inadecuadas para llegar a comprender en lo que realmente consiste el castigo del infierno. El hombre, que es incapaz de aguantar ni la más mínima quemadura en este mundo, no se puede ni imaginar lo que significa estar expuesto al fuego durante toda la eternidad. Aún más, el dolor que ocasiona una quemadura de este mundo no tiene punto de comparación con la inmensa tortura del fuego del infierno. Ningún dolor puede equipararse al del infierno:
Pues, nadie puede castigar como castigará Él ese Día [a los pecadores], y nadie puede atar con ligaduras como las Suyas. (Sura 89: 25-26 El alba)
Existe vida en el infierno. Sin embargo, se trata de una vida en la que cada momento está lleno de dolor y angustia. En esa vida, todo tormento físico, mental y psicológico, así como diferentes tipos de tortura e ignominia se propagan incontroladamente. Resulta imposible establecer una comparación entre lo dicho y cualquier aflicción de este mundo.
En el infierno, el dolor se siente a través de los cinco sentidos. Los ojos ven imágenes repulsivas y atroces; los oídos escuchan alaridos, clamores y gritos escalofriantes; la nariz se llena de olores espantosos y punzantes; la lengua degusta los sabores más insoportables y repugnantes. Se siente el infierno en cada célula; es un dolor agudo y enloquecedor difícil de imaginar en este mundo. La piel, los órganos internos y todo el cuerpo sufren intensamente y se retuercen de dolor.
Aquellos que se encuentran en el infierno son muy resistentes al dolor y nunca mueren. Es por ello que no pueden escapar de la tortura. Conforme se quema su piel, se vuelve a recomponer; la misma clase de tortura continúa por toda la eternidad y su intensidad nunca decrece. Dios dice en el Corán: “¡Sufridlo [ahora]! Pero tanto si lo soportáis con paciencia como si no, será igual para vosotros.” (Sura 52: 16 El monte Sinaí)
El dolor mental es tan espantoso como el físico. En el infierno, a las gentes les asaltan profundos remordimientos, se sumergen en la desesperación y pasan años sumidos en ella. Cada esquina, cada lugar del infierno está diseñado para provocar sufrimiento mental. Este sufrimiento es eterno, porque si durase millones o billones de años, incluso una posibilidad tan alejada podría dar esperanzas y ser una razón de peso para abrigar felicidad y dicha. Por el contrario, la eternidad de esta tortura inspira una clase de desaliento sin par en este mundo.
Según el Corán, el infierno es un lugar donde se experimenta un dolor extremo. Es estrecho, ruidoso, sombrío y está lleno de humo, e infunde sentimientos de inseguridad en el alma humana. Es un lugar que se caracteriza por sus olores deleznables, fuegos que arden en lo profundo del corazón, comidas y bebidas asquerosas y trajes de fuego. Estas son las principales características del infierno. Sin embargo, hay vida en este entorno tan terrible. Los que moran en el infierno tienen los sentidos muy agudizados. Oyen, hablan y discuten, e intentan escapar de su sufrimiento. Se queman en el fuego, pasan hambre y sed, y sienten remordimientos. Están atormentados por sentimientos de culpabilidad. Y lo que es más importante, quieren que se les alivie su dolor.
Llevan una vida infinitamente más degradante que la de los animales en este entorno sucio y repugnante. Los únicos alimentos que reciben son los frutos del espino y del árbol del fruto mortal. Su bebida consiste en sangre y pus. Mientras tanto, el fuego les devora por doquier. La angustia que se experimenta en el infierno se describe así:
Y, ciertamente, a los que se empeñan en negar la verdad de Nuestros mensajes les haremos sufrir el fuego: [y] cada vez que se les consuma la piel, se la cambiaremos por una piel nueva, para que puedan gustar el castigo [complete]. Ciertamente, Dios es poderoso, sabio. (Sura 4: 56 Las mujeres)
Con la piel rasgada, la carne quemada y la sangre brotando por doquier, se les encadena y flagela. Con las manos atadas a sus cuellos, se les arroja al corazón del infierno. Mientras tanto, los ángeles que castigan colocan en camas de fuego con sábanas también de fuego a los culpables. Sus ataúdes también están cubiertos de fuego. Los incrédulos gritan constantemente para que se les salve de esta angustia y, a cambio, reciben más humillación y tortura. Se les abandona.
Todas estas escenas se harán realidad. Son reales. Son más reales que nuestra vida cotidiana.
Aquellos que se describen como quienes “entre los hombres quien adora a Dios en la línea divisoria [de la fe]” (Sura 22: 11 La peregrinación); los que dicen “el fuego sólo nos tocará un número contado de días” (Sura 3: 24 La casa de Imrán); los que hacen del dinero, la posición social, las carreras universitarias y cualquier otro tipo de cosas materiales el objetivo principal de sus vidas y por tanto descuidan el agradar a Dios; los que varían las leyes divinas de acuerdo con sus propios deseos; los que interpretan el Corán según sus intereses; los que se desvían del camino recto; en resumen, todos los incrédulos e hipócritas habitarán en el infierno, excepto aquellos con los que Dios tenga misericordia y les perdone. Esta es la palabra de Dios y ciertamente se cumplirá:
Pero si hubiéramos querido, habríamos impuesto Nuestra guía a cada individuo: pero [no lo hemos querido así – y así] se ha cumplido Mi palabra: “¡Ciertamente, he de llenar el infierno de seres invisibles y de hombres, todos juntos!”. (Sura 32: 13 La postración)
Esta gente ya se encuentra destinada al infierno:
Y ciertamente hemos destinado al infierno a muchos seres invisibles y hombres que tienen corazones con los que no comprenden la verdad, ojos con los que no ven y oídos con los que no oyen. Son como el ganado - ¡que va! Son aún menos conscientes del camino recto: ¡ellos, precisamente, son los [realmente] inconscientes! (Sura 7: 179 La facultad del discernimiento)
El tormento del fuego
De la vida en el infierno, el tormento más grande y principal es sin lugar a dudas la exposición a su fuego. Como ninguna otra forma de tortura, el fuego, como característica distintiva del infierno, deja rastros imborrables en el cuerpo humano. Es un tormento que penetra hasta “las células”. Se arroja a la gente que está en el infierno a este “fuego crepitante” (Sura 70: 15 Las vías de ascenso). Arden en “llamas abrasadoras” (Sura 25: 11 El criterio de la verdad) en “un fuego abrasador” (Sura 92: 14 La noche). Un versículo del Corán dice:
Pero aquel cuyo peso sea leve en la balanza se verá cercado por un abismo. ¿Y qué puede hacerte concebir lo que será ese [abismo]? ¡Un fuego que arde intensamente! (Sura 101: 8-11 La calamidad repentina)
De los versículos, concluimos que el fuego se propaga por todo el infierno. En este foso, no existe un sólo lugar para resguardarse de él: llega al lugar más remoto del mismo. A la vez que se le somete a otro tipo de torturas físicas y espirituales, el incrédulo está constantemente expuesto al fuego. El fuego del infierno es inmenso. En el Corán aparecen analogías entre sus chispas - “chispas como castillos en su enormidad” y “como si las chispas fueran camellos negros tendiendo a amarillo [pardos]” - para describir su intensidad y magnitud.
¡Ay en ese Día de todos los que desmienten la verdad!
¡Id hacia eso que solíais tachar de mentira!
Id hacia la triple sombra que no ofrecerá sombra [refrescante] ni preservará de la llama, arrojando chispas como castillos en su enormidad, como si las chispas fueran camellos negros tendiendo a amarillo [pardos]. (Sura 77: 28-33 Los que son enviados)
Los incrédulos se esfuerzan al máximo para escapar de las llamas, pero esto es algo que no se les permite. Es un fuego “que reclamará para sí a quienes dan la espalda [a la verdad] y se apartan [de ella].” (Sura 70: 17 Las vías de ascenso) Otro versículo habla del destino de los que negaron a Dios:
Pero los que están hundidos en la perversión – su meta es el fuego: cada vez que intenten salir de él, serán devueltos a él; y se les dirá: “¡Saboread [ahora] este castigo del fuego que solíais tachar de mentira!”. (Sura 32: 20 La postración)
Los gritos y suspiros de los que sufren dicho tormento se escuchan por todos sitios. Sólo estos terribles alaridos y gritos son causa de tormento para los incrédulos:
Su sino allí será el lamento, y no oirán [nada más]. (Sura 21: 100 Los profetas)
Aquellos que [por sus obras] se hayan buscado la desgracia, [estarán] en el fuego, donde tendrán [sólo] quejidos y sollozos [para aliviar su dolor]. (Sura 11: 106 Hud)
El fuego causa un dolor insoportable. Los humanos somos incapaces de tolerar ni siquiera el fuego de una cerilla. Con todo, cualquier dolor que experimentemos en este mundo no se puede comparar al del fuego del infierno. En este mundo, nadie puede estar expuesto al fuego durante mucho tiempo. Bien se fallece a los cinco o diez segundos o bien se experimenta dolor durante un periodo limitado de tiempo. Sin embargo, el fuego del infierno es horrible: no mata sino que sólo inflinge dolor. La gente que habita en el infierno estará expuesta a su fuego durante toda la eternidad. Saber que este tormento no tiene fin, hace que los que se encuentran presos en el infierno se suman en un estado de desesperación. Se encuentran desesperados y experimentan un sentimiento de destrucción total.
Una cara quemada es el signo más indeseable de tormento, porque la cara es la parte del cuerpo humano que da una sensación de orgullo; da identidad a la persona y es la expresión más significativa de lo que llamamos el “yo”. Con frecuencia, la belleza o la fealdad se refieren a la cara. Cuando alguien ve fotografías de una persona que tiene una quemadura grave en la cara, se sobrecoge y pide a Dios que le libre de dicho mal. Nadie quiere que le alcance tal desgracia. Sin embargo, los incrédulos no prestan atención a un hecho importante: se acercan poco a poco a un final semejante e increíblemente grave. El dolor del fuego del infierno penetra por todo el cuerpo humano, pero cuando se expone a la cara a dicha tortura, resulta algo insoportable. Los ojos, oídos, nariz, lengua y piel, todos los órganos sensoriales se localizan en esta importante parte del cuerpo. Cualquier peligro que amenace a la cara, aunque sea pequeño, provoca un acto reflejo de defensa. Pero en el infierno la cara es escaldada. De este modo, la parte más vulnerable del cuerpo se daña de la forma más grave. Este tormento se describe en los versículos siguientes:
El Día en que sus rostros sean zarandeados en el fuego, exclamarán: “¡Ojalá hubiéramos obedecido a Dios y hubiéramos obedecido al Enviado!”. (Sura 33:66 La coalición)
...vestidos con ropajes de alquitrán, y el fuego cubriendo sus rostros. (Sura 14: 50 Abraham)
El fuego les chamuscará el rostro, y allí permanecerán, contraídos sus labios por el dolor. (Sura 23: 104 Los creyentes)
El combustible para el fuego y el agua hirviendo
En los relatos que encontramos en el Corán del modo en que los incrédulos arderán en el fuego del infierno, llama la atención la expresión que los describe como “combustible para el fuego”. La manera en que se queman es diferente de la forma en que se quema cualquier otra cosa en el fuego. Son los mismos incrédulos los que constituyen su combustible:
Pero los que se entregan a la maldad – ésos en verdad son sólo combustible para el [fuego del] infierno. (Sura 72:15 Los seres invisibles)
La madera, la leña para el fuego, arde durante más tiempo y con mayor intensidad que cualquier otro material. Del mismo modo, los incrédulos se convertirán en leña para este fuego que anteriormente negaron, Este hecho se pone de manifiesto en el siguiente versículo:
¡Oh vosotros que habéis llegado a creer! Guardaos vosotros y aquellos próximos a vosotros de ese fuego [del más allá] cuyo combustible son los seres humanos y las piedras.... (Sura 66: 6 La prohibición)
Ciertamente, a aquellos que están empeñados en negar la verdad, de nada les servirán sus riquezas ni sus hijos ante Dios; ¡esos, precisamente, serán el combustible del fuego! (Sura 3: 10 La casa de Imrán)
Ciertamente, vosotros y todo lo que [solíais] adorar en vez de Dios sois sólo combustible para el infierno: eso es lo que estáis destinados a ser. (Sura 21: 98 Los profetas)
Así como hay gente que sirve de leña al fuego, también hay leña de verdad para alimentarlo. Pero aún existe otro tormento: los incrédulos que estaban muy próximos en el mundo (marido y mujer, por ejemplo) llevarán leña para el fuego del otro. Abu Lahab y su mujer son un ejemplo:
¡Perezcan las manos del de rostro encendido, y perezca él! ¿De qué ha de servirle su riqueza, y cuanto ha adquirido? ¡[En la Otra Vida] tendrá que sufrir un fuego llameante, junto con su esposa, esa acarreadora de infamias, [que lleva] alrededor de su cuello una soga de fibras retorcidas! (Sura 111: 1-5 Las fibras retorcidas)
Esto supone el rompimiento de todos los vínculos de este mundo. Los incrédulos, que solían decir que se querían mucho y se rebelaban juntos en contra de Dios, se harán las hogueras unos a otros en el infierno. La esposa, los parientes más próximos y los amigos íntimos serán los enemigos del incrédulo. La traición no conoce ataduras.
El fuego alimentado por la madera “viva” y la inerte también hará hervir el agua que “escalde” a los incrédulos. La piel, uno de los órganos vitales que se extiende por todo el cuerpo humano, y de un espesor de apenas unos milímetros, hace que uno perciba el mundo exterior a través del sentido del tacto. Incluidos los órganos genitales, todas las partes vitales del cuerpo como la cara, manos, brazos, piernas, etc. (a los que se les da mayor importancia) están cubiertos de piel. A la vez que se trata del órgano que nos proporciona placer, debido a su sensibilidad, la piel puede convertirse en la mayor fuente de dolor ya que resulta especialmente vulnerable al fuego y a los líquidos hirviendo. El fuego chamusca la piel, el agua hirviendo la escalda. El agua rasga la piel por completo, apenas un trozo queda ileso. La fina piel primero se hincha y luego se inflama, ocasionando un dolor intenso. Ni el atractivo físico, ni la riqueza material, ni la fuerza, ni la fama, en resumen, nada vuelve a nadie resistente al daño que causa el agua hirviendo. En palabras del Corán: “...tendrán por bebida agua hirviendo y les aguarda un doloroso castigo por su continua negativa a aceptar la verdad.” (Sura 6:70 El ganado) En otro versículo se dice:
Pero si uno fuera de los que suelen llamar mentira a la verdad, y [por eso] se extravían, [le aguarda] una bienvenida de ardiente desesperación [en la Otra Vida] y el calor de un fuego abrasador. ¡Realmente, esto es sin duda la verdad más cierta! (Sura 56: 92-95 Lo que ha de ocurrir)
Uno de los versículos describe esta forma de tormento de la siguiente manera:
[Y se dirá:] “¡Cogedle, [oh fuerzas infernales,] y arrastradle al centro del fuego abrasador: luego derramad sobre su cabeza la angustia de la ardiente desesperación! ¡Saboréala – tú que [en la tierra] te considerabas tan poderoso, tan noble! Esto es precisamente aquello que vosotros [que negabais la verdad] solíais cuestionar.’ (Sura 44: 47-50 El humo)
Aparte de las mencionadas, existen otra clase de angustias inflingidas por el fuego. El marcado es una de ellas. A la gente del infierno se le marca con metales al rojo vivo. Dichos metales son las posesiones que los incrédulos atribuyeron como asociados a Dios:
...Pero a aquellos que acumulan tesoros de oro y plata y no los gastan por amor a Dios – anúnciales un doloroso castigo [en la Otra Vida]: en el día en que esa [riqueza acumulada] sea calentada en el fuego del infierno y sus frentes, costados y espaldas sean marcados con ella, [y se diga a esos pecadores:] “¡Estos son los tesoros que acumulasteis para vosotros! ¡Saboread, pues, [la maldad de] lo que atesorasteis!’ (Sura 9: 34-35 El arrepentimiento)
Otras formas de tormento
Contrariamente a la creencia popular, el infierno no es meramente un “horno gigante”. La gente, en el infierno, estará expuesta al fuego: esto es cierto. Sin embargo, el tormento del infierno no está limitado a quemarse sin más. La gente que habita el infierno está amenazada por otros tormentos físicos y sicológicos.
En este mundo, se emplean diversos métodos e instrumentos para someter a alguien a tortura. A menudo la tortura mutila a sus víctimas, a veces mueren de dolor, y los que sobreviven quedan trastornados. A pesar de esto, las técnicas de tortura que se emplean en este mundo son en comparación muchísimo más simples que las del infierno. Allí se sufrirán torturas muy diversas y difíciles de soportar. En el caso de una persona electrocutada, tanto la electricidad como la vulnerabilidad del hombre hacia la misma han sido creadas por Dios. Dios ha creado muchas otras causas de sufrimiento y debilidades que nos son desconocidas y que muestran su perfecto conocimiento del hombre. De acuerdo con esto, Dios inflingirá la más terrible de todas las torturas. Esta es la ley de Dios, el al-Qahhar (el Aniquilador).
Según el Corán, existe sufrimiento en cualquier parte del infierno. No hay manera de evitar el tormento, en el que se sume a las gentes desde todos los ángulos. No pueden ni eludirlo ni evitarlo:
Te desafían a que les adelantes el castigo [de Dios]: pero, ciertamente, el infierno habrá de cercar a todos los que niegan la verdad. (Sura 29: 54 La araña)
Además, existen otras formas de sufrimiento en el infierno que se enumeran en el Corán:
Habrán de sufrir el infierno – y ¡qué horrible lugar de reposo! Esto, [pues, para ellos -] ¡para que lo saboreen!: ardiente desesperación y gélida oscuridad y encima de eso, más [sufrimiento] de naturaleza similar. (Sura 38: 56-58 Sad)
La conclusión que sacamos de este y de otros versículos es que puede haber varias clases de tormento en el infierno. En el Corán se alude a los más aparentes: el fuego y la humillación. Sin embargo, las personas que se encuentran en el infierno no son en modo alguno inmunes a otras clases de sufrimiento. Por ejemplo, además del fuego y del agua hirviendo, ser atacados por animales salvajes, ser arrojados en fosos llenos de insectos, escorpiones y serpientes, ser mordidos por ratones, sufrir heridas provocadas por gusanos, y muchos otros tormentos que sobrepasan la imaginación humana afligirán a los malhechores de forma simultánea.
El calor, la oscuridad, el humo y la estrechez
Los lugares estrechos, cálidos y sucios son los más insoportables para cualquier individuo de este mundo. La humedad y el calor provocan una sensación de sofoco; la respiración, una función esencial para el cuerpo, se torna difícil si hay niveles altos de humedad. El no poder respirar ocasiona una fatiga intensa; se siente una opresión en el pecho. Ni siquiera la sombra proporciona alivio con un tiempo caluroso y húmedo. Una gruesa capa de aire invisible lo vuelve a éste sofocante. Incluso los niveles de calor y humedad de una sauna son difíciles de tolerar. Una persona encerrada en una sauna se desvanece tras un corto periodo de tiempo, incapaz de soportar el intenso vapor durante más de diez minutos. Si permanece más tiempo dentro, morirá.
Esta atmósfera agobiante domina el infierno. El hombre, que toma sus precauciones para no sobrecalentarse en este mundo, se desespera en el infierno. Éste es más caluroso que cualquier desierto y más sucio y opresivo que cualquier otro lugar imaginable. El calor penetra dentro del cuerpo, se siente dentro de uno mismo Para los incrédulos, no hay posibilidad de aliviarse o refrescarse. En el Corán, la situación que vive la gente que está en el infierno se describe así:
Pero los que han perseverado en el mal - ¿qué será de los que han perseverado en el mal? [Se hallarán] entre vientos abrasadores y ardiente desesperación, bajo una sombra de humo negro, ni fresca ni agradable. (Sura 56: 41-44 Lo que ha de ocurrir)
¡Ay en ese Día de todos los que desmienten la verdad! ¡Id hacia eso que solíais tachar de mentira! Id hacia ala triple sombra que no ofrecerá sombra [refrescante] ni preservará de la llama. (Sura 77: 28-31 Los que son enviados)
En una atmósfera tan densa, el estar confinado en un lugar estrecho supone otra forma de tormento. Este castigo se describe como sigue:
Y cuando sean arrojados en su interior, en un espacio angosto, atados [todos] entre sí, suplicarán su inmediato exterminio. [Pero se les dirá:] “¡No supliquéis hoy un solo exterminio, sino suplicad muchos exterminios!” (Sura 25: 13-14 El criterio de la verdad)
En este mundo, el estar encerrado en un lugar estrecho origina una angustia enloquecedora. Para los presos, el estar incomunicado supone uno de los peores castigos. Quedarse atrapado en un coche durante horas después de un accidente de tráfico o permanecer entre las ruinas de una ciudad asolada por un terremoto se consideran los peores desastres. Sin embargo, tales ejemplos se tornan insignificantes si los comparamos a sus equivalentes en el infierno. Después de todo, alguien que se queda atrapado entre los escombros o pierde la consciencia y muere o es rescatado con vida después de algunas horas o días. En ambos casos, el sufrimiento desaparece al cabo de un tiempo.
Pero esto no tiene validez en el infierno. El sufrimiento no tiene fin y, en consecuencia, no existe esperanza. En un ambiente sucio, sofocante y lúgubre, con un humo que impregna el aire, el incrédulo, con las manos atadas a su cuello y arrojado a una pequeña habitación, experimenta una sensación de angustia. Lucha y se esfuerza para salvarse, pero no puede. Ni siquiera es capaz de moverse. Finalmente, implora que se le haga desaparecer, como dice el versículo, y su único deseo es estar muerto. Esta petición simplemente se le devuelve sin más trámite. Permanece en ese estrecho agujero durante meses, años y puede que durante cientos de años. Un creciente malestar inunda su corazón, mientras que implora miles de veces que se le haga desaparecer. Una vez “salvado” no saborea dicha salvación, sino que se enfrenta a otra cara del infierno.
La comida, la bebida y la ropa
El mundo está lleno de incontables variedades de deliciosos y nutritivos alimentos. Cada uno de ellos es una bendición de Dios. Las varias clases de carne, frutas y verduras con sus innumerables colores, sabores y olores, los productos derivados de la leche, la miel y muchos otros nutrientes producidos por los animales, y las especias, todos han sido creados por Dios y generosamente puestos a nuestro servicio cuando se creó este mundo. Más aún, los sentidos se han creado para percibir todos estos deliciosos sabores. Por inspiración divina, el hombre siente apetito ante una comida delicada, pero aversión por la comida podrida y desagradable, por la pus, etc. Ésta es otra inspiración divina.
Dichos favores, mayores que los de este mundo, permanecen preparados en el paraíso, y los creyentes se beneficiarán de ellos durante toda la eternidad. Éste es el regalo de Dios, El que otorga bendiciones y prosperidad. Por otro lado, la gente que habita el infierno, en justo castigo por las malvadas obras en las que se involucraron en este mundo, se ven separados de los favores de Dios, el ar-Razzaq (el Proveedor), (Sura 26: 19 Los poetas) de tal modo que lo único que encuentran es tormento:
Y el Día en que los que se empeñaron en negar la verdad sean situados frente al fuego, [se les dirá:] “¡Habéis consumido vuestra [parte de] cosas buenas en vuestra vida terrenal, y gozasteis de ellas [sin pensar en el más allá]: hoy se os retribuirá, pues, con un castigo humillante por haberos mostrado altivos en la tierra, [atentando] contra todo derecho, y por vuestra perversidad!”. (Sura 46: 20 Las dunas)
No habrá más favores para ellos. Incluso el enfrentarse a las necesidades más básicas se vuelve un auténtico tormento Dios les crea especialmente la comida como fuente de sufrimiento. Las únicas cosas comestibles son los frutos de un espino y el árbol de fruto mortal, que ni alimenta ni sacia. Lo único que proporcionan es dolor, desgarrando la boca, la garganta y el estómago, emitiendo un gusto y olor desagradables. En el Corán encontramos descripciones tanto de las gloriosas bondades y la deliciosa comida del paraíso como de la insoportable comida del infierno:
¿Es ese [paraíso] mejor acogida – o el [infernal] árbol de fruto mortal? Lo hemos puesto, ciertamente, como una prueba para los malhechores: pues, en verdad, es un árbol que brota en el corazón mismo del fuego abrasador [del infierno], su fruto es [repugnante] como cabezas de demonios. (Sura 37: 62-66 Los alineados en filas)
No tendrán más comida que el amargo fruto de un espino, que no alimenta ni sacia el hambre. (Sura 88: 6-7 El suceso sobrecogedor)
En el infierno, la gente que se ha rebelado en contra de Dios y han sido desagradecidos, merecen tal compensación. Como castigo, se enfrentan a una merecida “hospitalidad”. En la sura 56 (Lo que ha de ocurrir) se relata de la siguiente manera:
Pues, ciertamente, antes solían entregarse por entero a la búsqueda de placeres, y persistieron en el enorme pecado, y solían decir: “¡Cómo! – cuando hayamos muerto y seamos ya polvo y huesos, ¿seremos, de verdad, resucitados? ¿Y también nuestros antepasados?”
Di: “¡En verdad, los primeros y los últimos serán, ciertamente, reunidos en el momento fijado de un Día conocido [sólo por Dios]: y entonces, ciertamente, vosotros que os habéis extraviado y que llamasteis mentira a la verdad, comeréis del árbol de fruto mortal, y os llenaréis con él el vientre, y beberéis encima [muchos tragos] de ardiente desesperación – que sorberéis como camellos sedientos!” ¡Esa será su bienvenida el Día del juicio! (Sura 56: 45-56 Lo que ha de ocurrir)
En el mundo, se sufre de vez en cuando de dolores agudos de garganta o de estómago. Sin embargo, en el infierno, apenas pasa un minuto sin sufrir de los más severos de estos dolores. La comida a la que los incrédulos tienen derecho les ahoga. Si son capaces de tragarla, “hervirá en las entrañas como plomo fundido” (Sura 44: 45 El humo). Nunca sacia. Siendo así, los que están en el infierno sufren de una horrible hambre eterna.
Dicho tormento no se limita a una sola oportunidad: se repite una y otra vez durante toda la eternidad. Aquellos que se encuentran en el infierno sienten el hambre tan intensamente que, a pesar de intentarlo en repetidas ocasiones, no pueden evitar comer los frutos del espino, que les hacen retorcerse de dolor. Luego se precipitan hacia el agua hirviendo. Sin embargo, este agua no se puede digerir. Como se indica en el versículo siguiente, beben como “un rebaño sediento”. Para hacer que este sufrimiento sea aún mayor, se conduce a los incrédulos al infierno sedientos.
Y conduzcamos al infierno a los que estaban hundidos en el pecado como un rebaño sediento es conducido al abrevadero. (Sura 19: 86 Mariam)
Aparte del agua hirviendo, otra repugnante bebida del infierno es la pus. Este fluido, producto de una inflamación, una de las secreciones humanas de olor más nauseabundo, es la segunda opción de los incrédulos. La pus se les sirve junto con sangre. En otro versículo, se menciona que se sirve la pus con agua hirviendo, para hacer que el incrédulo pruebe el obsceno sabor de la misma y perciba el tormento del agua hirviendo con todos sus sentidos.
A pesar de ser repugnante e insoportable, el que los incrédulos tomen estas bebidas para saciar sus necesidades muestra sus ansias de beber. Una vez que prueban este tormento, les aguarda otro. Esto también perdura por toda la eternidad. Debido a su sed insaciable, la gente que está en el infierno se retuerce de dolor:
No probarán allí nada refrescante ni bebida alguna [que sacie la sed] – sólo gustarán agua en alto grado de ebullición, y pus saliendo de las pieles de sus moradores. Justo castigo apropiado a su mala conducta en la vida. (Sura 78: 24-26 La noticia)
Por eso, hoy no tiene amigos aquí, ni más comida que la pus que nadie come sino los pecadores. (Sura 69: 35-37 La exhibición e la verdad desnuda)
Los incrédulos luchan por tragar esta mezcla, pero sin resultados. La sangre y la pus les ahogan, pero no consiguen morir:
Con el infierno acechándole; y se le dará a beber un agua del más amargo pesar, que sorberá [sin cesar], poco a poco, pero que apenas será capaz de tragar. Y la muerte le acosará por todas partes – pero no morirá: pues [aún] le espera [más] castigo severo. (Sura 14: 16-17 Abraham)
En esta desesperada situación, por medio de un diálogo especial, los moradores del infierno ven a la gente del paraíso. Son testigo de los estupendos favores de los que estos últimos disfrutan. Esto acrecienta enormemente su tormento. Mientras tanto, los que están en el infierno suplican que les den algo de sus víveres. Pero es una súplica inútil.
Y los ocupantes del fuego llamarán a los ocupantes del paraíso: “¡Derramad sobre nosotros algo de agua o algo del sustento [del paraíso] con el que Dios os ha proveído!” [Los ocupantes del paraíso] responderán: “¡En verdad, Dios ha prohibido ambas cosas a los que rechazaron la verdad! (Sura 7: 50 La facultad del discernimiento)
Aparte de los víveres, la ropa de los habitantes del infierno también está especialmente diseñada para ellos. La piel humana es un tejido sensible: tocar una estufa o una plancha caliente durante un segundo causa un dolor insoportable. En tal caso, la persona en cuestión sufre durante días, su herida se inflama e hincha. El infierno está repleto de ropa más caliente que un hierro candente que cubre la piel y la quema con saña:
...en cuanto a los que se empeñan en negar la verdad – se les cortarán trajes de fuego [en la Otra Vida]... (Sura 22: 19 La peregrinación)
...vestidos con ropajes de alquitrán, y el fuego cubriendo sus rostros. (Sura 14: 50 Abraham)
El infierno será su lugar de reposo y también su cobertor: pues así retribuimos a los malhechores. (Sura 7: 41 La facultad del discernimiento)
Los ángeles que castigan
A pesar de todos los sufrimientos que soportan, no habrá un solo alma que ayude a los que están en el infierno. Nadie podrá salvarles. El estar abandonados les provoca un sentimiento de soledad. Dios habla de los malhechores en el Corán: “por eso, hoy no tiene amigos aquí” (Sura 69: 35 La exhibición de la verdad desnuda). Entre ellos sólo encontrarán “ángeles que castigan”, que les infligirán tortura y sufrimiento perpetuos. Son guardas extremadamente severos, despiadados y aterradores, con la única responsabilidad de infligir severas torturas a los moradores del infierno. El único propósito de su existencia es vengarse de los que se rebelaron contra Dios, y cumplen esta responsabilidad con el debido cuidado y atención.
¡Oh vosotros que habéis llegado a creer! Guardaos vosotros y aquellos próximos a vosotros de ese fuego [del más allá] cuyo combustible son los seres humanos y las piedras: [velando] sobre él hay poderes angélicos, duros [y] severos, que no desobedecen a Dios en lo que les ordena, sino que ejecutan [siempre] lo que se les ordena hacer. (Sura 66: 6 La prohibición)
¡No! ¡Si no cesa, le arrastraremos sobre su frente – esa frente mentirosa, rebelde! – y que llame luego [en su auxilio] a los defensores de su [falaz] sabiduría, ¡que Nosotros llamaremos a las fuerzas del castigo celestial! (Sura 96: 15-18 La célula embrionaria)
Estos ángeles que castigan hacen que los incrédulos sientan sobre ellos la ira y la cólera de Dios. Someten a aquellos que están en el infierno a las torturas más severas, aterradoras y degradantes.
Hay un aspecto a tener en cuenta: los ángeles que castigan, de hecho, evitan incurrir en la más mínima injusticia o crueldad; simplemente administran el castigo tal y como los incrédulos merecen. Estos ángeles, principal manifestación de la justicia de Dios, son seres benditos que llevan a cabo su tarea con gusto y sometidos a Dios.
EL TORMENTO ESPIRITUAL EN EL INFIERNO
Hasta ahora, hemos mencionado el tormento físico que se sufre en el infierno. Sin embargo, no menor que él, hallamos un tormento espiritual. El arrepentimiento, la desesperanza, la humillación, la sensación de estar siendo maltratado, la vergüenza y la decepción son algunos de los sentimientos que ocasionan los diversos tormentos.
“El fuego encendido por Dios, que se elevará sobre los corazones de los pecadores”
De un modo u otro, todos experimentamos algún tipo de tormento espiritual en este mundo. Por ejemplo, perder a un amigo íntimo, a la esposa, o a los hijos, o ser traicionado por alguien en quien teníamos una confianza ciega hace que nuestros corazones se inunden de una gran pena. De hecho, esta pena es una forma especial de tormento que Dios implanta en el corazón de una persona como castigo por idolatrar a alguien a quien ha perdido o que le traicionó. Básicamente, el individuo necesita demostrar a Dios sus sentimientos de amor, aprecio, reverencia, devoción, confianza y amistad. El no demostrar dichos sentimientos hacia Dios sino hacia algún otro, que ha sido creado por Él y que por tanto también Le necesita, en otras palabras, asociar a alguien con Dios, ocasiona este tormento. Se somete a los idólatras a esta pena para que aprendan de ella, pidan perdón y vuelvan a Dios antes de que les sobrevenga la muerte. Lo que idolatran no es necesariamente un ser humano. Existen diversidad de cosas a las que las personas no se pueden resistir: las posesiones, el dinero, la fortuna, la fama, en resumen, cualquier cosa o concepto además de Dios puede ser objeto de idolatría.
La pena que, en este mundo, origina la pérdida de estos ídolos es únicamente un destello del gran tormento que se sufrirá en el infierno. En esencia, se trata de un aviso. En el infierno, la verdadera y perdurable forma que toma este tormento aguarda al idólatra. En ocasiones, este tormento espiritual es tan intenso que uno preferiría la tortura física. Incluso el suicidio se considera una salvación. Este aspecto espiritual del tormento en el infierno se pone de manifiesto en el Corán y se describe como un “fuego encendido por Dios, que se elevará sobre los corazones de los pecadores”:
¡Ay de todo aquel que difama, que critica! ¡[Ay de aquel] que amasa riqueza y la considera como salvaguardia, creyendo que su riqueza le hará vivir eternamente! ¡Qué va! ¡Ciertamente, [en la Otra Vida] será arrojado a un tormento demoledor! ¿Y qué puede hacerte concebir lo que será ese tormento demoledor? Un fuego encendido por Dios, que se elevará sobre los corazones de los pecadores: ¡realmente, se cerrará en torno a ellos en inmensas columnas! (Sura 104: 1-9 El difamador)
Incluso la más severa de las penas de este mundo desaparece con el tiempo. Su rastro puede tardar en desaparecer, pero incluso las huellas más persistentes se borran. Pero, en el infierno, una pena más amarga penetra en los corazones de los incrédulos como si se tratara de una furia y permanece en ellos eternamente.
Además de lo dicho, el tormento espiritual produce una sensación entre la desesperanza y la humillación, la ira y el odio. Los incrédulos no sólo están sometidos al dolor físico, sino también a un insufrible dolor espiritual.
La humillación
Muchos de los versículos que tratan el tema del infierno nos informan de que un tormento degradante y humillante aguarda a los incrédulos. Sufren este castigo debido a su orgullo y arrogancia.
En este mundo en que vivimos, uno de los principales objetivos de los incrédulos consiste en hacer que les envidien y valoren su posición personal y social. Cuando forman parte de una vana demostración de lo que valen, una carrera, hijos, espléndidas mansiones, coches, etc., son aún más valiosos para ellos. De hecho, en el Corán, el alardear de la riqueza y propiedades que se tienen se menciona como uno de los señuelos en esta vida.
Esta pasión, llámese “jactancia”, se torna angustia en el más allá, que implica degradación y dolor físico. Todo porque los incrédulos olvidaron a “Dios, digno de toda alabanza” (Sura 2: 267 La vaca) y “hace de sus deseos su dios” (Sura 25: 43 El criterio de la verdad). Por este motivo se han ocupado principalmente por ganar su propio reconocimiento en vez de glorificar y alabar a Dios. Han construido su vida en torno a ganar el aprecio de otras personas en vez de la aprobación divina. Es por esto que se les hunde más cuando se les humilla delante de otros.
La pesadilla más terrible de un incrédulo es el que se le deshonre y degrade delante de otra gente. Hay algunos que incluso consideran que es mejor morir que ser deshonrado. Los infortunios propios del infierno, en el fondo, tienen esta característica. Las pésimas condiciones en las que se encuentran los moradores del infierno se deben, principalmente, a su arrogancia. Nunca antes se les había degradado tanto. Existen numerosos versículos que resaltan este hecho:
Y el Día en que los que se empeñaron en negar la verdad sean situados frente al fuego, [se les dirá:] “¡Habéis consumido vuestra [parte de] cosas buenas en vuestra vida terrenal, y gozasteis de ella [sin pensar en el más allá]: hoy se os retribuirá, pues, con un castigo humillante por haberos mostrado altivos en la tierra, [atentando] contra todo derecho, y por vuestra perversidad!”.’ (Sura 46: 20 Las dunas)
Y no deben pensar – quienes se obstinan en negar la verdad – que el que les demos rienda suelta es bueno para ellos: si les damos rienda suelta es sólo para que aumente su delito; y les aguarda un castigo humillante. (Sura 3: 178 La casa de Imrán)
Se somete a los incrédulos a miles de diferentes clases de tratamientos degradantes… incluso más degradantes que el trato que reciben algunos animales en este mundo. Látigos, grilletes y collares de hierro se encuentran disponibles sólo para humillarles. Se ata a los infieles a columnas, se les ponen collares y se les encadenan.
En realidad, la humillación es la esencia de todos los tormentos del infierno. Por ejemplo, mientras se les lanza al fuego se les degrada. Este atroz tratamiento comienza en el momento en que el incrédulo resucita y se le manda al infierno. Además, se trata de un castigo que nunca remite.
Entre billones de personas, los ángeles cogen a los incrédulos y les agarran por el copete y por los pies. Según dice el Corán: “Pues ese Día no se preguntará a ningún hombre ni ser invisible por sus pecados… Todos los que estaban hundidos en el pecado serán reconocidos por sus rasgos y agarrados por el copete y por los pies.” (Sura 55: 39-41 El Más Misericordioso)
En el infierno, el incrédulo tiene que asumir un tipo de tratamiento peor que el que reciben los animales. Asiéndolo por los cabellos, se le arrastrará por el suelo y se le arrojará al infierno. Incapaz de oponer resistencia, pedirá ayuda en vano. Su desesperación sólo hace que su tormento se acreciente:
¡No! ¡Si no cesa, le arrastraremos sobre su frente – esa frente mentirosa, rebelde! – y que llame luego [en su auxilio] a los defensores de su [falaz] sabiduría, ¡que Nosotros llamaremos a las fuerzas del castigo celestial! ¡No! ¡No le obedezcas, sino póstrate [ante Dios] y busca proximidad [a Él]! (Sura 96: 15-19 La célula embrionaria)
Como dicen los versículos, los incrédulos serán “empujados al fuego con un [violento] empujón” (Sura 52: 13 El monte Sinaí) y “congregados en el infierno en total humillación espiritual” (Sura 25: 34 El criterio de la verdad)
De igual modo,
...Pero quienes se presenten con malas acciones serán arrojados de bruces al fuego, [y serán preguntados:] “¿No es, acaso, esto justa retribución por lo que hacíais [en vida]?” (Sura 27: 90 Las hormigas)
...El Día en que sean arrastrados hasta el fuego sobre sus rostros, [se les dirá:] “¡Saboread ahora el contacto con el fuego del infierno!” (Sura 54: 48 La luna)
La degradación se torna más intensa una vez en el infierno. Aparte del tormento físico, una aguda sensación de degradación abruma a los moradores del infierno:
[Y se dirá:] “¡Cogedle, [Oh fuerzas infernales,] y arrastradle al centro del fuego abrasados: luego derramad sobre su cabeza la angustia de la ardiente desesperación! ¡Saboréala – tú que [en la tierra] te considerabas tan poderoso, tan noble! Esto es precisamente aquello que vosotros [que negabais la verdad] solíais cuestionar” (Sura 44: 47-50 El humo)
Con el fin de humillar a los incrédulos, se utilizan látigos, argollas y cadenas especialmente diseñados:
[Entonces se dará la orden:] “¡Cogedle y encadenadle, y luego hacedle entrar en el infierno y luego sujetadle a una cadena [de pecadores como él – una cadena] de setenta codos de largo: pues, ciertamente, no creyó en Dios, el Grandioso, ni instó a dar de comer al necesitado!” (Sura 69: 30-34 La exhibición de la verdad desnuda)
En este mundo ni siquiera se encadena a los animales, exceptuando los salvajes. En cuanto a los seres humanos, sólo se encadena a los violentos y retrasados mentales peligrosos. Esto quiere decir que aquellos a los que se envía al infierno son las más inferiores de las criaturas. Este es el motivo por el que están atados con “una cadena de setena codos de largo”, como indica el versículo anterior. Otros versículos también ofrecen detalles sobre este degradante tormento:
...cuando tengan que llevar al cuello las argollas y cadenas [que ellos mismos han forjado]; y sean arrastrados a la ardiente desesperación, y se conviertan al final en combustible del fuego [del infierno]. Y luego se les preguntará: “¿Dónde están ahora esos [poderes] a los que atribuíais divinidad junto con Dios?” (Sura 40: 71-74 Que perdona)
... Pero si te asombras, asombroso es, también, que digan: “¡Qué! Una vez que seamos polvo, ¿vamos a ser de verdad [devueltos a la vida] por un nuevo acto de creación?”. Esos son los que [demuestran así que} están empeñados en negar a su Sustentador, esos son los que llevan a l cuello argollas [que ellos mismos han forjado]; y esos son los que están destinados al fuego, en el que permanecerán. (Sura 13: 5 El trueno)
...Pues en ese Día veréis a todos los que estaban unidos en el pecado encadenados unos a otros, vestidos con ropajes de alquitrán, y el fuego cubriendo sus rostros. [Y todos serán juzgados en ese Día,] para que Dios retribuya a cada ser humano según sus merecimientos: ¡ciertamente, Dios es rápido en ajustar cuentas! (Sura 14: 49-51 Abraham)
En cuanto a los que se empeñan en negar la vedad – se les cortarán trajes de fuego [en la otra vida]; ardiente desesperación será derramada sobre sus cabezas, y hará que todo lo que hay en sus entrañas, y también sus pieles, se consuma. Y estarán sujetos [en este estado como] con ganchos de hierro. (Sura 22: 19-21 La peregrinación)
El sombrío ánimo que conlleva la degradación se hace patente en los semblantes de los que se encuentran en el infierno. En el mundo en que vivimos también se exteriorizan los graves problemas por los que atraviesa alguien que ha caído en desgracia, se le ha deshonrado y ha sido injustamente tratado. En el infierno, la degradación afectará asimismo la apariencia de sus moradores, como dice el siguiente versículo:
Algunos rostros estarán ese Día abatidos. (Sura 88: 2 El suceso sobrecogedor)
Además de todos los tipos de humillación mencionados hasta ahora, debemos tener en cuenta que se aplicarán varios otros. En el Corán se utiliza el término “humillación” y se dan algunos ejemplos que lo ilustran. Sin embargo, hemos de recordar que éste es un término muy amplio y que no se limita a unos pocos ejemplos. Todos los sentimientos, tratamientos o sucesos que provocan humillación en el ánimo del hombre se incluyen dentro de dicho concepto y todos ellos se encuentran disponibles para su uso en el infierno.
Un arrepentimiento irrecuperable
Cuando resucita, el incrédulo se da amarga cuenta de todo lo que ha hecho mal. El remordimiento que esto le causa le conmociona. Su desesperada situación se ve exacerbada por su profundo arrepentimiento.
Cuando el incrédulo se enfrenta a los actos en los que se implicó en este mundo, se da cuenta de que no tiene ninguna oportunidad de restaurar su honor. Sin embargo, pide otra oportunidad. Con este ánimo, quiere retornar a su antigua vida para expiar sus pecados. Mientras tanto, no quiere volver a ver ni a sus amigos ni a sus seres queridos con los que disfrutó de la vida tan despreocupadamente. Todas las amistades, todos los lazos de unión se rompen. El modo de vida y las tradiciones a las que se apegaron en vida, sus casas, coches, esposas, hijos, compañías, ideologías pierden su valor y se desvanecen. Sencillamente, son reemplazadas por el tormento. El sentimiento que causa el terror en ese día se relata así:
Si pudieras ver [-les] cuando se les sitúe frente al fuego y digan: “¡Ojalá fuéramos devueltos [a la vida]: no desmentiríamos entonces los mensajes de nuestro Sustentador, y seríamos de los creyentes!” ¡Qué va! – dirán esto sólo porque] se les hará evidente la verdad que antes solían ocultar [-se a sí mismos]; y si fueran devueltos [a la vida], volverían a aquello que se les prohibió: ¡porque son, en verdad, mentirosos! Y algunos [de los incrédulos] dicen: “No hay nada después de esta vida, porque no seremos resucitados”. Si pudieras ver [-les] cuando se les sitúe frente a su Sustentador [y] Él diga: “¿No es esto la verdad?”. Responderán: “¡Ciertamente que sí, por nuestro Sustentador!”. [Entonces] Él dirá: “¡Gustad, pues, el castigo que es consecuencia de vuestra negativa a reconocer la verdad!”. (Sura 6: 27-30 El ganado)
Las discusiones entre los habitantes del infierno
La posición social y las relaciones jerárquicas, que son trascendentales en este mundo, pierden todo su significado en el infierno. El estado al que se ven reducidos la gente y sus líderes es tal que se maldicen unos a otros:
¡[En ese Día] los que han sido [falsamente] adorados se desentenderán de sus seguidores y estos verán el castigo [que les aguarda], una vez destruidas todas sus esperanzas! Entonces dirán sus seguidores: ¡Si tuviéramos otra oportunidad [de vivir], nos desentenderíamos de ellos como ellos se han desentendido de nosotros!”. Así les mostrará Dios sus acciones [de forma que les cause] un amargo remordimiento; pero no saldrán del fuego. (Sura 2: 166-167 La vaca)
El Día en que sus rostros sean zarandeados en el fuego, exclamarán: “¡Ojalá hubiéramos obedecido a Dios, y hubiéramos obedecido al enviado!”. Y dirán: “¡Oh Sustentador nuestro! ¡Obedecimos a nuestros jefes y a nuestros grandes hombres, y fueron ellos quienes nos extraviaron del camino recto! ¡Oh Sustentador nuestro! ¡Imponles a ellos doble castigo, y destiérrales por completo de Tu gracia!”. (Sura 33: 66-68 La coalición)
Discutiendo entre ellos, dirán: “¡Por Dios, que estábamos en verdad profundamente extraviados cuando os equiparamos [a vosotros, falsos dioses,] son el Sustentador de todos los mundos- pero quienes nos sedujeron [a creer en vosotros] son los verdaderos culpables! Y ahora no tenemos a nadie que interceda por nosotros, ni un amigo leal. ¡Ojalá tuviéramos una segunda oportunidad [en la vida], para poder estar entre los creyentes!”. Ciertamente, en todo esto hay en verdad un mensaje [para los hombres], aunque la mayoría de ellos no crean [en él].
There is certainly a Sign in that, yet most of them are not believers. (Sura 26: 97-103 Los profetas)
Entre los habitantes del infierno que sufren tormento eterno surgen los conflictos. Todos acusan a todos. Los amigos íntimos se odian. La principal fuente de este odio es la amistad que sostenían en el mundo. Se tentaban unos a otros para cometer pecados y se alentaban a negar a Dios. Todos los conceptos relacionados con la amistad han desaparecido en vista del infierno y todos los lazos que unían en este mundo se rompen. En medio de esta multitud, la gente se encuentra sola, y maldice a los demás:
[Y Dios] dirá: “¡Entrad en el fuego a reuniros con las multitudes de seres invisibles y de hombres que os han precedido!”. [Y] cada vez que entra una multitud [en el fuego], maldice a su hermana – hasta que llegado el punto en que, unas detrás de otras, hayan entrado todas en él, la última dirá de la primera: “¡Oh Sustentador nuestro! ¡Estos son quienes nos extraviaron: dadles, pues, un castigo doble en el fuego!”. Él responderá: “Todos merecéis un castigo doble – pero no lo sabéis”.’ (Sura 7: 38 La facultad del discernimiento)
Los incrédulos dicen: “¡Oh Sustentador nuestro! ¡Muéstranos a esos seres invisibles y hombres que nos han extraviado para que los pisoteemos y sean así de los más abyectos de todos!”. (Sura 41: 29 Expuestos con claridad)
Y, he ahí, que [los que en vida negaban la verdad] discutirán entre ellos en el fuego [del más allá]; y entonces los débiles dirán a los que se habían mostrado altivos: Nosotros, realmente, éramos sólo seguidores vuestros: ¿podéis, pues, apartar de nosotros algo [de nuestra porción] de este fuego?” – [a lo que] los que [en vida] habían sido altivos responderán: ¡Ciertamente, estamos todos en él [juntos]! ¡En verdad, Dios ha juzgado ya entre Sus criaturas! (Sura 40: 47-48 Que perdonan)
[Y se dirán unos a otros: “¿Veis a ] esta muchedumbre de gente que se precipitó [en el pecado] junto con vosotros? ¡No serán bienvenidos! ¡Realmente, ellos [también] habrán de sufrir el fuego!”. [Y los que fueron seducidos] exclamarán: “¡Qué va, eso vosotros! ¡No sois bienvenidos! ¡Sois vosotros los que nos preparasteis esto: qué horrible morada!”. [Y] exclamarán: “¡Oh Sustentador nuestro! ¡A quien nos haya preparado esto, dóblale el castigo en el fuego!”. Y añadirán: “¿Cómo es que no vemos [aquí] a hombres que teníamos por malvados, [y] de los que solíamos burlarnos? ¿O es que [están aquí, pero] nuestros ojos no aciertan a verlos?”. ¡Ciertamente, así serán en estricta verdad [la confusión y] las disputas entre las gentes del fuego! (Sura 38: 59-64 Sad)
Peticiones desesperadas e inútiles
Todas las personas que habitan el infierno viven allí una situación desesperada. La tortura que sufren es extremadamente cruel e interminable. Su única esperanza consiste en gritar e implorar por su salvación. Ven a los que están en el paraíso y les suplican que les den comida y agua. Intentan arrepentirse y piden a Dios que les perdone. Con todo, estos pasos son en vano.
Imploran a los guardianes del infierno. Quieren que sean intermediarios entre ellos y Dios y piden clemencia. Su pena es tan insoportable que quieren que se les salve aunque sólo sea por un día:
Y los que están en el fuego dirán a los guardianes del infierno: “¡Rogad a vuestro Sustentador para que nos alivie, [aunque sólo sea] por un día, este castigo nuestro!”. [Pero los guardianes del infierno les] preguntarán: “¿No [es verdad que] vinieron a vosotros vuestros enviados con las pruebas claras de la verdad?” [Los que están en el fuego] responderán: “¡Sí, en verdad!” [Y los guardianes del infierno] dirán: “¡Entonces, rogad vosotros!” – pues la oración de los que niegan la verdad no conduce sino al engaño. (Sura 40: 49-50 Que perdonan)
Además, los incrédulos intentan buscar el perdón, pero se les rechaza terminantemente:
Exclamarán: “¡Oh Sustentador nuestro! ¡La mala suerte se cebó en nosotros, y por eso nos extraviamos! ¡Oh Sustentador nuestro! ¡Sácanos de este [castigo] – y luego, si volvemos [a pecar], que seamos verdaderamente [tenidos por] malhechores!”. [Pero] Él dirá: “¡Retiraos a esa [ignominia]! ¡Y no os dirijáis más a Mí! He ahí que entre Mis siervos había quienes imploraban: “¡Oh Sustentador nuestro! Creemos [en Ti]; perdónanos, pues, nuestra faltas y ten misericordia de nosotros: pues, ¡Tú eres el mejor de los que tienen misericordia!” – pero les hicisteis blanco de vuestras burlas hasta el unto que esto os hizo olvidar todo recuerdo de Mí; y seguisteis riéndoos de ellos. [Pero,] ciertamente, hoy les he recompensado por su paciencia en la adversidad: ¡en verdad, esos, precisamente, son los triunfadores!”. (Sura 23: 106-111 Los creyentes)
En realidad, esta es la última vez que Dios se dirige a los que habitan el infierno. Sus palabras: “¡Retiraos a esa [ignominia]! ¡Y no os dirijáis más a Mí!” son concluyentes. De aquí en adelante Dios ya no les toma en consideración. A nadie le gustaría ni siquiera pensar en encontrarse en esta situación.
Mientras los pecadores se queman en el infierno, los que lograron “la felicidad y la salvación” permanecen en el paraíso disfrutando del beneficio de interminables favores. El sufrimiento de aquellos que se encuentran en el infierno se vuelve más intenso cuando observan la vida que llevan los creyentes en el paraíso. De hecho, mientras sufren una tortura insoportable, pueden “ver” las espléndidas bendiciones del paraíso.
Los creyentes, a los cuales ridiculizaron en este mundo, ahora tienen una vida plena y feliz, viviendo en magníficos lugares, espléndidas casas con hermosas mujeres, y saboreando deliciosas comidas y bebidas El ver a los creyentes disfrutando de tanta paz y abundancia hace que se agrave su sentimiento de humillación por encontrarse en el infierno. Estas escenas añaden más sufrimiento y dolor a su padecimiento.
El arrepentimiento se vuelve más y más profundo. El no haber seguido los dictámenes divinos en este mundo les hace sentir un hondo remordimiento. Se vuelven hacia los creyentes que están en el paraíso e intentan hablarles. Suplican su ayuda y compasión. Sin embargo, se trata de vanos esfuerzos. La gente del paraíso también puede verlos. El intercambio entre los que se encuentran en el infierno y los que habitan el paraíso es como sigue:
[Que morarán] en jardines [del paraíso, y] preguntarán a aquellos que se hundieron en el pecado: “¿Qué os ha llevado al fuego del infierno?”. Responderán: “No éramos de los que rezaban, ni dábamos de comer al necesitado; y solíamos complacernos en el pecado con todos los [demás] que se complacían en él; y tachábamos de mentira el Día del Juicio – hasta que [con la muerte] nos llegó la certeza”. De nada les valdrá, pues, la intercesión de quienquiera que interceda por ellos. (Sura 74: 40-48 El arropado)
Mientras tanto, los creyentes y los hipócritas discuten unos con otros. Los hipócritas son los que permanecieron junto a los creyentes durante un periodo de tiempo determinado; a pesar de no abrigar la fe en sus corazones, cumplían con sus deberes religiosos como si fueran creyentes, pero únicamente en beneficio propio. Así se ganaron el apelativo de “hipócritas”. En el fuego del infierno, imploran a los creyentes que les ayuden. El diálogo entre estos dos grupos se expresa en el Corán como sigue:
Ese Día los hipócritas y las hipócritas dirán a los que han llegado a creer: “¡Esperadnos, para que tomemos [un rayo de] luz de vuestra luz!” [Pero] se les dirá: “¡Volveos atrás, y buscad [vuestra propia] luz!”. Y entonces se erigirá entre ellos [y los creyentes] un muro, provisto de una puerta: en su interior habrá gracia y misericordia, y su parte exterior tendrá enfrente el castigo. [Los que se quedarán fuera] llamarán a esos [que están dentro]: “¿Acaso no estábamos con vosotros?” – [a lo que] responderán los otros: “¡Sí, así fue! ¡Pero sucumbisteis a la tentación, estabais vacilantes [en vuestra fe] y dudabais [de la resurrección]; y vuestras fantasías os tuvieron seducidos hasta que llegó la orden de Dios: pues, [en verdad, vuestras propias] nociones engañosas acerca de Dios os engañaron! Y por eso, no será aceptado hoy rescate alguno de vosotros, ni tampoco de los que estaban [abiertamente] empeñados en negar la verdad. ¡Vuestra meta es el fuego: es vuestro [único] refugio – y qué horrible destino!”. (Sura 57: 13-15 El hierro)
Un tormento eterno sin posibilidad de salvación
Además de todas las características del infierno que hemos mencionado hasta ahora, existe otro aspecto que aumenta la intensidad del tormento inflingido: es eterno. En este mundo, el hecho de que incluso la pena más aguda disminuye con el paso del tiempo reconforta al hombre. El fin de las penas es una bendición e incluso el esperar dicha bendición da esperanzas.
Sin embargo, no hay esperanza en el infierno y esto es lo que más abruma a los que allí se encuentran. Cuando se les arroja al fuego, encadenados, escaldados, azotados, y apelotonados en lugares estrechos, con las manos atadas alrededor de sus cuellos, saben que es para toda la eternidad. Sus esfuerzos por escapar nunca tendrán éxito. Esto indica que su tormento continuará por siempre. La angustia que sienten se explica como sigue:
Y cada vez que en su angustia intenten escapar, serán devueltos a él y [se les dirá]: “¡Gustad [a fondo] el castigo del fuego!” (Sura 22: 22 La peregrinación)
El infierno es un lugar completamente aislado. Los incrédulos entran en él y nunca vuelven a salir. No hay salida del infierno. La sensación de estar recluidos inunda a los incrédulos. Están rodeados de muros y puertas cerradas. El Corán describe este amargo sentimiento de reclusión:
Pero los que se empeñan en negar la verdad de Nuestros mensajes – ésos se han hundido en el mal, [y] el fuego se cierra en torno a ellos. (Sura 90: 19-20 El territorio)
Y di: La verdad [ha venido ahora] de vuestro Sustentador: así pues, quien quiera, que crea, y quien quiera, que la rechace”. Ciertamente para todos los que pecan contra sí mismos [al rechazar Nuestra verdad] hemos preparado un fuego cuyo humeante dosel les cercará por todos lados; y si imploran agua, se les dará un agua [caliente] como plomo fundido que escaldará sus rostros: ¡qué horrible bebida, y qué horrible lugar de reposo! (Sura 18: 29 La cueva)
Esos tendrán por morada el infierno: y no hallarán forma de salir de él. (Sura 4: 121 Las mujeres)
Cuando los incrédulos ven el fuego, reconocen el lugar al que pertenecen. Se dan cuenta de que no existe ninguna posibilidad de escapar de él. Es entonces cuando el concepto del tiempo pierde su significado y comienza el tormento eterno, cuyo peor aspecto es su naturaleza perpetua. Aunque pasen cientos, miles o millones de años, nunca se está próximo al fin. Millones de años no son nada si se comparan a toda la eternidad. Los incrédulos que moran en el infierno esperan el fin, pero esta espera es en vano. Ésta es la razón por la que se enfatiza la naturaleza eterna del infierno:
Dios ha prometido a los hipócritas y a las hipócritas – y también a los que [abiertamente] rechazan la verdad – el fuego del infierno, en el que permanecerán: esta será su posición asignada. Pues, Dios les ha rechazado, y les aguarda un castigo duradero. (Sura 9: 68 El arrepentimiento)
¡Si esos [falsos objetos de culto vuestros] hubieran sido realmente divinos, no estarían destinados a él: pero [al no serlo] todos [vosotros] moraréis en él! (Sura 21: 99 Los profetas)
Pero a quienes se empeñan en negar la verdad les aguarda el fuego del infierno: no se fijará término a sus vidas de modo que pudieran morir, ni se les aliviará en nada el castigo de ese [fuego]: así retribuiremos a quienes carecen de gratitud. (Sura 35: 36 El originador)
Todas las penas de este mundo tienen un fin. Siempre hay salvación. El que sufre un dolor o muere o se alivia. Sin embargo, en el infierno, el dolor es continuo e incesante, y no ofrece tregua alguna.
Una advertencia importante para poder evitar el tormento
A lo largo de todo este libro, se ha enfatizado el hecho de que los que rechazan los mandamientos de Dios es este mundo y niegan la existencia de su Creador no se salvarán en el más allá y afrontarán a un aterrador tormento en el infierno.
Por tanto, sin más dilación, hay que darse cuenta de la situación personal de cada uno con respecto a Dios y rendirse a Él. De otro modo, lo lamentaremos y nos enfrentaremos a un fin espantoso:
Y llegará el día en que eses que [hoy] se empeñan en negar esta verdad desearán haberse sometido a Dios [mientras vivían]. Déjales que coman y se diviertan, seducidos por la esperanza [de goces triviales]: pues, en su momento, habrán de saber [la verdad]. (Sura 15: 2-3 al-Hijr)
La forma evitar este castigo perpetuo, alcanzar la dicha eternal y conseguir la aprobación de Dios está clara:
Antes de que sea demasiado tarde, ten fe en Dios, y haz buenas obras durante tu vida para ganar Su beneplácito.
Dijeron: “¡Gloria a Tí!
No tenemos más conocimiento que el que Tú nos has impartido.
Ciertamente, sólo Tú eres omnisciente, sabio.”
(Sura 2: 32 La vaca) |